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Grunge is not dead

El inconformismo siempre está de moda.
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Un suéter de lana o una camisa de franela son, quizá, elementos que jamás relacionamos con una estrella de rock, pero a principios de los 90 un movimiento musical vino a mostrar que todo orden establecido se puede cambiar. Bandas como Nirvana, Pearl Jam o Soundgarden se empezaron a cobijar bajo el término grunge, el cual, como sinónimo de algo sucio, comenzó a describir de manera peyorativa a un nuevo género que mezclaba elementos del metal y el punk. Además, la música, la lírica y el estilo de
vida de estos músicos nos mostraban lo poco que les importaba la aprobación externa, de una manera muy nihilista.  

Pero la palabra grunge también comenzó a adjetivar el estilo de vestir de estos músicos como algo desaliñado. Mientras que hoy un stylist es básico en el staff de cualquier banda, el estilo de estos músicos no era nada planeado, incluso cuando podía decirse que ya eran reconocidos (recordemos a Kurt Cobain vestido con uniforme de porrista y pompones para una editorial de Rolling Stone). Además, muchas de las prendas que usaban salían de mercados de pulgas o de tiendas de segunda mano, pero sobre todo respondían a un estilo de vida muy del noroeste de Estados Unidos, donde el clima exigía camisas de franela a cuadros, suéteres de lana afelpados y botas de piel para repeler la lluvia de Seattle. Aunque hay una posibilidad de que esta estética desaliñada solo se limitara a la apariencia, ya que Smells Like Teen Spirit, el hit número uno de Nirvana, nació como una broma sobre el antitranspirante Teen Spirit (ya descontinuado) que Kurt Cobain usaba. 

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El éxito de estas bandas fue brutal y la gente comenzó a definir a Seatlle como un hotspot de la música cuando en realidad las bandas prominentes de la zona se contaban con una mano. Así, un joven Marc Jacobs, quien en 1992 estaba al frente del departamento creativo de Perry Ellis, se inspiró en el look de este movimiento. La colección resultó tan criticada y controversial que Jacobs fue despedido meses después. Su destino, como sabemos, no es tan trágico como suena e incluso en 2018 pidió permiso a Perry Ellis (hoy una marca que vale la quinta parte
que el emporio de Marc Jacobs) para replicar 26 looks de
aquella colección.

Y así, la subcultura que buscaba evitar el orden social terminó definiendo una de las tendencias más recurrentes en la moda, y las colecciones de menswear otoño / invierno 2019 lo mostraron. En Celine vemos chaquetas de cuero a la Slimane con pantalones pitillo que quizás jamás usaría Cobain, pero complementan bien la silueta. Marni, por su parte, incorporó camisas oversized de tartán y suéteres de lana con mangas que rebasan la punta de los dedos, habrá que remangarlos para tocar la guitarra. Mientras que los hermanos Dean y Dan de DSquared2, presentaron chaquetas a cuadros forradas de borrega, con accesorios como cadenas o aretes de cruz, sacando un lado más glam del grunge. 

La retrospectiva de la colección Grunge, de Marc Jacobs, cierra con la frase «Because what the world needs now is grunge» y quizás no es necesaria una camisa de franela para revivirlo si crees fervientemente que te vale lo que piensen de ti.

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