Joie de Vivre

Destino: la costa de Amalfi

Es el pináculo del sueño italiano. Entre las flores de limón y la buganvilla hay una línea de trece pequeñas ciudades que componen la costa de Amalfi. Viajamos hasta ellas.
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Cortesía de Villa San Giacomo.

Conocido por su paisaje vertical, los pueblos que rodean la costa más querida de Italia sólo son accesibles a través de la Strada Statale 163, una ruta estrecha, sinuosa, junto a acantilados que, aunque inquietantes, ofrecen vistas incomparables. Es una franja mágica que une las montañas y el mar Mediterráneo.

Almas —y cuerpos— hedonistas de todo el mundo acuden aquí año tras año para disfrutar de sus pintorescas playas de guijarros, caminatas escenográficas, un clima perfecto y establecimientos legendarios, que no se limitan a hoteles y restaurantes históricos. Algunos lugares de interés imprescindibles para visitar son la Catedral de Amalfi o la Villa Rufolo en Ravello.

Todos evocan la cultura y el espíritu de siglos pasados. Aquí eran habituales personajes como Jacqueline Kennedy, John Steinbeck y Gore Vidal. Es donde encontraban paz en la temporada estival. Y para los foodies, degustar una copa de limoncello frente al mar supone convertir en realidad la postal veraniega perfecta. 

Viajamos hasta Positano, Ravello, Furore —conocido como «il paese che non c'è», es decir «el pueblo que no existe», porque hay buscarlo para poder darse cuenta de su presencia— y otros tantos lugares mágicos de la mano del fotógrafo Carlos Souza y la modelo Charlene Shorto. En el libro Amalfi Coast, publicado por la editorial de lujo Assouline, viviremos un ápice de lo que significa este hipnótico destino.

«Positano te cala profundamente. Es un lugar de ensueño que no es del todo real inclusive cuando estás allí y sin embargo se torna real después de que te has ido.» —John Steinbeck

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