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Las mujeres olvidadas del surrealismo

Musas, amantes, esposas y artistas… El Siglo XX fue testigo del ascenso de grandes figuras masculinas del arte surrealista, sin embargo, ¿quiénes fueron las mujeres que inspiraron sus mejores obras?
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Fotografía sin título por Dora Maar, 1935 / Cortesía de Collection Therond.

El periodo entre guerras vio nacer la corriente artística surrealista liderada por el poeta francés André Breton, quien fue seguido por figuras como Max Ernst, Man Ray, Pablo Picasso y, claro, Salvador Dalí. De carácter onírico, la obra de ese ecléctico grupo pretendía engañar al inconsciente, y plasmar representaciones hiperrealistas o simples abstracciones de sus sueños.

Mientras todo esto evolucionaba, el sexo femenino se vio reducido a un papel secundario como vehículo de inspiración y estímulo para los grandes exponentes del arte, sin tomar en cuenta que, en realidad estas mujeres eran verdaderas artistas también. Muchas de ellas fueron encasilladas indudablemente por sus relaciones amorosas, y sí, el intercambio creativo entre parejas fue real, pero también su talento. 

En L'Officiel recordamos el trabajo artístico de grandes mujeres cuya existencia trascendió al lienzo de un estudio.

Dora Maar 

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De izquierda a derecha: Pablo Picasso y Dora Maar,1937. Fotografía por Man Ray / Cortesía de Akg-Images. Modelo en traje de baño, 1936. Fotografía por Dora Maar / Cortesía de ADAGP. Sin título,1934. Fotografía por Dora Maar / Cortesía de Centre Pompidou.

Henriette Theodora Markovitch, su nombre de pila, fue conocida artísticamente como Dora Maar. La artista francesa comenzaría experimentando con la pintura y las artes decorativas, antes de entregarse por completo al mundo de la fotografía durante la década de los treinta. La fotógrafa retrataría icónicas imágenes de moda para importantes clientes como la diseñadora Elsa Schiaparelli, Madeleine Vionnet, Jeanne Lanvin, y Gabrielle Chanel. De igual forma, la francesa fue comisionada para hacer importantes campañas de publicidad, en donde su amor por la abstracción de los sueños se plasmarían en auténticos universos mágicos. 

Maar conocería al artista español Pablo Picasso gracias a Paul Éluard, en el emblemático café parisino Les Deaux Magots. La conexión fue instantánea y su relación, tormentosa. El trabajo de la francesa formó una parte clave en la obra pictórica de Picasso, inmortalizándola en obras como Femme en pleurs (1937). De igual forma, el español se convertiría en la inspiración del trabajo de la fotógrafa frecuentemente, la cual capturaría emblemáticos momentos de la historia como el desarrollo de la obra Guernica de Picasso. El mismo artista español lograría despertar en Maar el amor por las artes plásticas nuevamente, y ella a su vez, le mostraría cómo combinar la pintura y la fotografía a través del cliché verre. Después de algunos años, Picasso la abandonaría por otra mujer, algo que causaría un gran dolor en su vida. No obstante, Maar continuaría explorando disciplinas artísticas el resto de su vida, confirmando que su paso por el mundo fue más que solo una Femme en pleurs

Gala Dalí

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De izquierda a derecha: Gala y Salvador Dalí, París,1932. Retrato sin autor / Cortesía de Fundació Gala-Salvador Dalí. Salvador Dalí retratando a Gala / Cortesía de Fundació Gala-Salvador Dalí. Retrato Galatea of the Spheres, 1952. Realizado por Salvador Dalí / Cortesía de Fundació Gala-Salvador Dalí.

Helena Ivanovna Diakonova fue el verdadero nombre de Gala Dalí, una mujer originaria de Rusia, la cual estuvo expuesta al intelectualismo desde temprana edad. Paul Éluard, el poeta francés, fue su primer esposo, y quien comenzaría a llamarla Gala. Algunos años después conocería a un joven artista español que cambiaría su vida: Salvador Dalí. Después de encontrarse en España, el dúo de artistas se volvió inseparable, culminando en el inminente divorcio entre Éluard y Gala, y su nuevo matrimonio con Salvador Dalí en 1934. La rusa estuvo detrás de las negociaciones que llevaron a su esposo a convertirse en un éxito del movimiento surrealista, siendo una y otra vez la eterna musa de fotografías, obras pictóricas y proyectos visuales. Dalí, llegaría a firmar sus obras en algún momento con el nombre de los dos, dejando entrever que quizás, sin Gala no había Dalí

La rusa tenía sus propias aspiraciones creativas, y supo navegar entre el papel de musa e individuo independiente toda su vida. Una mujer de matices y contrastes, sumamente inteligente, cuya presencia trascendió el paso del tiempo. 

Lee Miller

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De izquierda a derecha: Lee Miller y Man Ray, 1931. Fotografía por Theodore Miller, 1932 / Cortesía de Theodore Miller. Retrato de Lee Miller solarizado, 1930. Fotografía por Man Ray / Cortesía de Man Ray. Autorretrato de Lee Miller, 1932 / Cortesía de Lee Miller.

La fotoperiodista estadounidense fue una mujer multifacética que cruzaba las líneas entre musa, modelo y artista constantemente. Después de haber visto los retratos vanguardista del fotógrafo Man Ray, Miller decidiría ir a buscarlo a París y convertirse en su aprendiz. Al poco tiempo, se convertirían en amantes y colegas, explorando técnicas modernistas de fotografía juntos, en donde un juego de contrapesos entre géneros fue una constante. Durante el tiempo en que trabajaron en el estudio, Miller descubriría accidentalmente la técnica de solarización fotográfica, después de haber dejado mucho tiempo un retrato expuesto al Sol. La imagen invertiría los tonos y se generaría una línea luminosa entre los tonos de contraste, creando una nueva forma de revelar. Durante años, éstá técnica y muchos de los retratos en los que Miller fue co-autora se le atribuirían solamente al fotógrafo Man Ray

La estadounidense estuvo detrás de imágenes del trabajo Elsa Schiaparelli y Gabrielle Chanel, además de contribuir en publicaciones internacionales editoriales como modelo y fotógrafa. Después del estallido de la Segunda Guerra Mundial, Miller viajó a los campos destruidos, acercando los horrores de la guerra a un público que desconocía la magnitud de la destrucción. Después de su muerte en 1977, su hijo Antony Penrose, descubrió más de 60,000 retratos de su trabajo escondidos en un ático; revelando en su interior, la magnitud del legado de la inigualable fotógrafa surrealista. 

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