Pop culture

La historia del activismo queer en el cine

Nos encontramos en la boca del liberalismo Hollywoodense, que ha aprendido a evidenciar antes que nada que lo queer puede ser comercialmente viable en un mercado.
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Querelle, 1982. Fotografía por Andy Warhol / The Andy Warhol Museum Pittsburgh.

En contexto, hay un antes y después de los legendarios disturbios de Stonewall en Junio de 1969; durante los «felices años veintes» y entrando al curso de la Gran Depresión en Estados Unidos los grandes estudios y realizadorxs encontraron la manera de atraer al público a las salas con películas que incluían insinuaciones sexuales, mestizaje, consumo de drogas ilegales, infidelidad, aborto, violencia intensa y homosexualidad, en una época que se le conoce como pre-code. Las relaciones homosexuales eran casi siempre representadas de una manera negativa y en películas como Public Enemy (1931), los personajes gay eran evidentemente afeminados, asustadizos y extravagantes en estilo y comportamiento; eran usados específicamente como un grito cómico y de burla aunado a un final trágico.

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Fragmento de The Boys in The Band, 1970. Dirigida por William Friedkin.

El clero católico de EE.UU. desde principios de los años 30 lanzó una campaña en contra de lo que este colectivo consideraba «la inmoralidad del cine estadounidense» y finalmente en 1934 resultó en la aplicación del Código de Producción de Películas que entregaba la posibilidad al Gobierno de recoger las directrices de la censura en el país. Eso no detuvo la representación LGBTTTIQ en el cine. Más bien Hollywood partió de ligeramente condenar la homosexualidad con hombres afeminados y «divertidos», a drásticamente convertirlos en villanos, rompe-hogares, repulsivos marginados, trasvestis psicóticos, bisexuales promiscuos, etc. Por ejemplo en filmes como Children’s Hour (1961) o The Boys in The Band (1970).

Es así como el surgimiento de un cine independiente norteamericano se transforma en tierra fértil para el cine queer. Un cine de la era predigitalizada, con presupuestos minúsculos, locaciones prestadas y con la ayuda de amigos como actores; los realizadores hicieron lo suyo por los marginados, lxs héroes y heroínas subculturales que habían estado esperando tanto tiempo en la periferia de la sociedad. Existe un público queer que se empieza a ver a sí mismo como cómplice de las representaciones que por primera vez lxs valida; este público está unido con esos personajxs a un grado que sobrepasa por mucho lo que depositan otras audiencias en sus películas, una comunidad boyante que se celebra a sí mismx en la pantalla.

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Fragmento de Paris Is Burning, 1990. Dirigida por Jennie Livingston.

La escena del activismo queer de los ochenta y noventas constituyeron las primeras peleas por visibilidad y aceptación en el cine. Su escena fue esencial para extender la alfombra roja a la comunidad LGBTTTIQ en el mundo de los medios. Mientras más y más cineastxs abiertamente queer se unieron a las líneas de batalla en los circuitos de festivales y el cine comercial, las representaciones hirientes y descalificadoras de personajxs LGBTTTIQ se convirtieron menos frecuentes y se encontraron con protestas. Hoy, las culturas queer han evolucionado. Muchos de los filmes que han marcado esas batallas se han redescubierto por el público contemporáneo como obras de culto, mientras que otros se han guardado como joyas perdidas de la historia. Lxs realizadores actuales tienen un deber por apropiarse de un pasado, evaluar la historia y conmemorarla, como una voz cinemática queer que se atrevió a gritar por todos los cuerpos y sueños de su comunidad aunado a la necesidad de expresarse para sobrevivir.

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