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Tendencia: Guerra y Paz

La gabardina ha demostrado la perfección de su diseño al evolucionar sin sufrir cambios drásticos.
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Me gusta dibujar mujeres sexies, autos veloces y tipos interesantes con gabardina", es la respuesta que da Frank Miller —uno de los escritores de cómics y novelas gráficas más influyentes del siglo XX— cuando le preguntan qué le gusta dibujar. Sus "tipos interesantes con gabardina" incluyen al famoso Joker de Batman: The Dark Knight —inmortalizado en el cine por Heath Ledger— y a John Hartigan, el trágico héroe de Sin City que, en la película codirigida por el autor en colaboración con Robert Rodriguez, fue interpretado por Bruce Willis.

Miller no es el único en relacionar las gabardinas con la imagen clásica de los tipos duros y los lobos solitarios. De hecho, integrar esta prenda al guardarropa de los personajes con estas características es una tradición que data del apogeo del film noir, acontecido entre los años 30 y 50. La estética de este tipo de cine es, como indica su nombre, oscura, tétrica, llena de claroscuros dramáticos que alimentan la atmósfera de sus tramas, casi siempre relacionadas con crímenes y misterios que exigen personajes de carácter como protagonistas. "Un elemento clave para el éxito continuo de la gabardina tiene que ver con su aparición como vestuario para películas» asegura Valerie Steel, directora del museo del Fashion Institute of Technology de Nueva York en el artículo «The Classy Rise of The Trench Coat" escrito por Linda Rodriguez McRobbie para la revista del Instituto Smithsoniano. En el mismo texto, Rodriguez agrega que el éxito tiene que ver, además, con el tipo de personajes que usan gabardina en el cine: "detectives, gángsters, hombres de mundo y mujeres fatales". Con ese atuendo perduran imágenes de Humphrey Bogart, Cary Grant, Marlene Dietrich, Lauren Bacall y Ava Gardner, entre otras celebridades de la época.

Hoy, como hace 100 años, podemos reconocer la estructura base de la gabardina en cualquiera de las reinterpretaciones que los diseñadores han hecho de ella, incluso en las más vanguardistas.

Pero cuando la gabardina llegó a Hollywood, ya tenía una larga historia tras de sí. Existe, con la forma en que la conocemos, desde 1912, cuando fue registrada por Thomas Burberry, inventor del tejido impermeable del que toma su nombre en español. Por supuesto hay discusiones acerca de su invención, ya que la firma Aquascutum también exige su crédito como parte del desarrollo de la prenda. Es difícil establecer quién tiene razón al cien por ciento porque los registros son confusos. Y es que, aunque la popularidad de la gabardina ocurrió en la Primera Guerra Mundial, los elementos que llevaron a la construcción final de su diseño tienen antecedentes casi 100 años antes cuando, en 1823, Charles Macintosh comenzó a usar algodón cauchutado para hacer impermeables de uso militar que fueran funcionales y cada vez más prácticos y ligeros. De experimento en experimento, el camino evolutivo de la gabardina tuvo que ver siempre con las necesidades de la milicia; incluso su tradicional color caqui se relaciona con eso ya que fue en aquel entonces que —por cuestiones tácticas— el ejército británico cambió sus uniformes de colores brillantes por tonos más neutros y apagados que permitieran el camuflaje. Es así que mucho antes de que a las estrellas de cine se les ocurriera portarla, fueron los militares de alto rango los que las popularizaron usándolas para protegerse de la lluvia y la suciedad de las trincheras desde las que combatían (de ahí su nombre trench coat, abrigo de trinchera). La publicidad existente durante la Primera Guerra Mundial también hizo su parte: enaltecían a la figura de los combatientes representándolos como figuras fuertes y respetables enfundadas en estilizadas gabardinas. Pronto los civiles británicos posicionaron a los trench como un emblema casi patriótico, una bandera portable de experiencia y de resistencia.

Su diseño —la botonadura que ayudaba a cargar elementos necesarios en el campo de batalla, la ligereza, la impermeabilidad, la practicidad del cinturón— fue tan perfecto en su definición que apenas ha sufrido cambios con el transcurrir del tiempo. Lo que se constata en las propuestas de Ellery y Christian Dior, que la actualizan sin modificarla. Prabal Gurung, en cambio, la dota de un aire victoriano al «corsetear» la cintura y, con una visión opuesta, Maison Margiela la hermana con los abrigos. La silueta de la de Michael Kors luce más fluida y más libre que las del resto del conjunto que arropa. En estos "experimentos respetuosos" están, claro, los que se atrevieron un poco más. Pero aunque esta temporada Céline haya modificado la forma de abotonarla, Joseph la haya deconstruido, Valentino le haya quitado las mangas y Loewe la haya dotado de flecos su parte inferior, la gabardina —no importa qué— sigue conservando su esencia. Y es que su estructura base es tan identificable que podemos reconocerla, hoy como hace 100 años, en cualquiera de las reinterpretaciones que los diseñadores han hecho de ella, incluso en las más vanguardistas.

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