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Moda

Mundo sintético

En un momento en el que el mundo del lujo intenta convertirse en una industria sustentable, aparece una tendencia irónica: el plástico.
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A decir de los analistas de tendencias de la agencia Vocativ, el ciclo de la moda es puntual. Ya lo han dicho muchos teóricos antes, pero estos investigadores afincados en Nueva York y Tel Aviv confirman que cada 20 años lo viejo se convierte en nuevo (de nuevo).

 

Siendo así, es natural que el plástico aparezca en las pasarelas actuales, cuando los diseñadores están mirando aún hacia los años 90 en los que reinaban el spandex, las bolsas de plástico transparente y los accesorios fluorescentes que habían sobrevivido al final de los 80. Hablando de esa década, cuando la banda inglesa Radiohead presentó su segundo disco en 1995 (The Bends), lo sintético y su aire futurista estaban tan en plenitud que el paisaje urbano de Canary Wharf —uno de los distritos financieros de Londres—había sido decorado con plantas y árboles artificiales. Esa locura dio origen, a decir de Thom Yorke en diversas entrevistas, a la composición del hit "Fake Plastic Trees", una canción que habla de la desesperanza y el hartazgo que provoca encontrarse en un mundo falso y artificial, es decir, de plástico. Luego, al hacer conciencia de los efectos negativos que nuestro amor por la plasticidad estaban provocando al planeta, la pena de Yorke comenzamos a sentirla todos.

 

El término plástico, que no es un material sino un conjunto de materiales similares —llamamos plástico a la celulosa, al PVC, al caucho y a otras variedades más— ha ido cambiando tanto de significado a través del tiempo, que pasó de ser una promesa de futuro a una amenaza para este. Cuando se le consideró una solución para evitar el uso de pieles, pronto se descubrió que su incapacidad para biodegradarse rápido también era una amenaza para el ambiente. Si una vez fue divertido, como en los zapatos de plataforma populares en el universo disco de los años 70, cuando en años posteriores se abusó de su uso para recrear materiales naturales, la palabra plástico dejó de ser sinónimo de innovación y comenzó a serlo de falsedad y frivolidad.

 

"¿Es la de usar plástico una idea que se contrapone a los nuevos estándares del lujo? En apariencia sí, pero en el fondo no..."

 

 

Aunque gracias a diversos avances tecnológicos muchos de estos materiales que fueron estigmatizados por su factor contaminante ya pueden reciclarse —como el poliuretano—, no deja de ser un acto retador presentar prendas plásticas en un momento en el que la industria del lujo está apostando por las texturas orgánicas. La agencia de estudios de tendencias WGSN, por ejemplo, pronostica para 2018 "una nueva revolución industrial impulsada por los consumidores que demandan responsabilidad corporativa".

 

Específicamente en el mundo del lujo que ahora busca concebirse no sólo como exclusivo sino como ético también, "sustentabilidad ya no será más una palabra de moda, sino una práctica esperada", lo que en teoría haría que los plásticos fueran inmediatamente descartados del panorama. Pero lo que pone lo anterior en jaque es la manera en la que las casas de moda están obteniendo estos materiales. ¿Los están produciendo para crear sus prendas a sabiendas de que, según datos de la revista Science, se calcula que cada año se acumulan entre 4.8 y 12.7 millones de toneladas métricas de desperdicio plástico en los océanos? No. Y eso es justamente lo que hace a esta propuesta diferente a la de la moda que vimos durante el siglo pasado.

 

A sabiendas de que hay un exceso de desechos sintéticos contaminando el mundo, lo que los diseñadores están haciendo es reducir, reutilizar y reciclar. Obtienen los materiales de la basura y los rescatan y reciclan para darles una nueva vida. "Tomar algo que es destructivo y convertirlo en algo sexy y con onda… ¿cómo no sería eso un lujo?", dijo Stella McCartney a The New York Times cuando habló del uso de plásticos en sus colecciones. La materia prima con la que hace lo que esta temporada veremos en los aparadores proviene de desechos (como botellas) que organizaciones como Parley for the Oceans sacan del mar.

 

Es así que por primera vez en mucho tiempo usar plástico será un acto libre de culpas: ya sea en el estilo rockero de Yves Saint Laurent, en el formal de Michael Kors, Le Maire, Fendi y Jil Sander o en el más "futurista", como el de Joseph, Ellery y Calvin Klein, donde Raf Simons propuso un abrigo que de inmediato se percibe valioso al estar cubierto por una capa de plástico transparente que lo protege y preserva. Entonces, ¿es la de usar plástico una idea que se contrapone a los nuevos estándares del lujo? En apariencia sí, pero en el fondo no. En la citada entrevista del Times, Cyrill Gutsch —fundador de Parley for the Oceans y ahora colaborador de McCartney— opina que al crear materiales de lujo con la basura (en su organización logran sacar de 80 a 120 toneladas de plástico del océano al mes) se puede aumentar la conciencia del problema en general. Y limpiar el mar al mismo tiempo, aunque sea un poco. Así que con todo este trabajo de rescate ambiental detrás, usar plástico sí que ha vuelto a ser fantástico.

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