Moda

Juego de seducción

por Mónica Isabel Pérez
30.11.2017
Compañeros básicos en los inviernos más duros, los abrigos de piel siguen negándose a desaparecer.

Hay una escena en la séptima temporada de Mad Men que de tan sexy es inolvidable. Una modelo rubia (interpretada por Rainey Qualley) aparece en escena casi desnuda, solo cubierta por un largo, pesado y grisáceo abrigo. El protagonista de la serie, el mujeriego Don Draper (Jon Hamm), fija su mirada en ella. La joven, visiblemente intimidada pero consciente de la sensualidad que le agrega la prenda que la cubre, susurra una frase: "nunca antes había usado mink". "Es chincilla", aclara él. "Y cuesta 15 mil dólares. ¿Cómo te hace sentir?". "Nerviosa", responde ella sin dudar. Y claro, imposible evitar los nervios. Las pieles son un símbolo de poder y de erotismo que no es fácil llevar a cuestas.

 

Pero, ¿cómo llegaron a serlo? Para los miembro del Tissue Culture & Art Project, un proyecto de investigación y desarrollo en curso sobre el uso de tecnologías de tejidos como medio para la expresión artística, "los humanos, simios desnudos, han tenido que cubrir sus frágiles cuerpos para protegerlos del entorno. [Pero] este humilde acto de supervivencia devino en un complejo ritual social que ha transformado el concepto de “prenda” en un objeto evocativo cuyo valor se acepta sin cuestionarse".

 

Para estos estudiosos que actualmente desarrollan el proyecto Victimless Leather —un prototipo de material "sin víctimas" hecho con líneas celulares inmortalizadas que se cultivan para formar una capa viva de tejido sobre un polímero que genera algo muy parecido al cuero— la ropa se convirtió, muy temprano en la historia de la humanidad, en una herramienta para proyectar la identidad propia, la clase social, el estatus político y más. "La ropa es una fabricación humana y puede explorarse como un ejemplo tangible del tratamiento humano de la otredad".

 

"Cuestionado por activistas desde los años 60, el uso de las pieles se ha estigmatizado y durante décadas ha sido castigado a nivel social. Sin embargo las pieles son parte inherente de nuestros instintos primitivos y anhelos de poder."

 

En este contexto, las pieles, que fueron uno de los primeros materiales que sirvieron como vestimenta al hombre, se convirtieron muy pronto en un símbolo de poder. Las razones son simples y bien animales: para obtener una piel había que cazar muchas veces a enormes y peligrosos predadores que; sin embargo, caían ante la cada vez más desarrollada inteligencia humana. Portaba pieles el más fuerte, el más capaz, el más apto. Muchas culturas compartieron la creencia de que al ponerse encima la piel de un animal se adquirían las capacidades de este: la ferocidad del león, la fuerza del oso. En Occidente, la realeza siempre ha estado relacionada con las pieles y aunque sus pueblos también hayan podido usarlas —como en el caso de Rusia—, las más raras y exquisitas se han reservado siempre para las esferas de poder.

 

Cuestionado por los activistas en pro de los derechos de los animales desde los años 60, el uso de las pieles se ha estigmatizado y durante décadas (principalmente desde los 80 hasta los primeros años del siglo XXI) ha sido castigado a nivel social ("Prefiero andar desnuda que usar un abrigo de piel", llegaron a exclamar algunas modelos). Sin embargo las pieles son parte inherente de nuestra animalidad, despiertan nuestro salvajismo y nuestra sexualidad, exponen nuestros instintos primitivos y nuestros anhelos de poder.

 

Saciando esa hambre salvaje —pero hoy con sistemas mucho menos agresivos para obtener las pieles (en casi todos los casos de animales criados en granjas)—, esta temporada vemos propuestas de lujo atemporal como las de Dries Van Noten y Loewe que exploran lo pesado y lo crudo. MaxMara y Gucci optan por un camino más suave con prendas largas y monocromáticas que lucen suavísimas al tacto. Céline y Louis Vuitton aportan ligereza, permiten movimientos que eran casi imposibles de realizar con estas prendas a cuestas; sin embargo mantienen la sobriedad, caso contrario a otras firmas como Ellery, Fendi y Marni, que decidieron intervenir las pieles con colores rojos, amarillos y verdes brillantes que motivan un espíritu juguetón que, aunque original, reduce con su tono lúdico la potente llama que se enciende con abrigos como el confeccionado por Michael Kors que, de forma clásica, es elegante y peligroso como un animal al acecho.

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Proenza Schouler
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Michael Kors
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MaxMara
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Loewe
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Prada
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Jil Sander
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Louis Vuitton
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Céline
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Fendi
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Dries Van Noten
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Gucci

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