Jacquemus : “De repente, mis recuerdos le pertenecen a todo el mundo“ - L'Officiel
Moda

Jacquemus : “De repente, mis recuerdos le pertenecen a todo el mundo“

Es un edificio divertido, Quai de Valmy, en Paris. En algún lugar entre el taller, la cabaña y la gran casa de cuentos de hadas, blanca y extravagante, bañada de luz en el frío de esta tarde de invierno. Él abre la puerta, con una sonrisa encantadora, un pantalón blanco y una camisa de rayas.
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Fotografía David Luraschi
Realización Jennifer Eymère

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“Estaba dibujando mal. Lo que hizo la diferencia fue la manera en la que creía en todo lo que hacía y así, convencí al mundo entero.” - Simon Porte Jacquemus

Respira profundamente el ramo de mimosas que acaba de ser ofrecido y disfruta que uno ya ha captado toda su biografía: “Azul, blanco y amarillo. Azul y blanco como el mar y amarillo como el sol.” Simon Porte Jacquemus tiene 27 años y con sus aires de play-boy adolescente, ya juega en las canchas de los grandes. En menos de diez años, la casa Jacquemus, que lleva el nombre de su madre, viste a todas las mujeres de su vida y se vende en casi doscientas tiendas en todo el mundo. Es una de sus más hermosas “success stories”.

 

Es casi difícil seguirlo cuando sube las escaleras, de cuatro en cuatro, a este gran cuarto, bañado por el sol donde la ropa y las telas son inmediatamente reconocibles. Amarillo, azul y blanco. “Cuando empecé toda esta historia, a los 19 años, la idea era que no hubiera barreras con el público. Los diseñadores jóvenes estaban en un pedestal. Casi nunca entendían lo que estaban haciendo o a quienes les estaban hablando. Mi ambición, por lo contrario, era que todos pudieran entrar a mi universo. Incluso hoy, trato de ser accesible, desde la historia que cuento hasta el precio de mi ropa. Quiero mantener una conexión íntima con las personas.”

 

Un vínculo tan fuerte como Jacquemus no conoce fronteras ni límites, su éxito es sobre todo en línea. La diferencia entre la industria de la moda de hace veinte años y hoy en día, explica, es que una tienda en línea no le habla particularmente al cliente, sino al mundo. Esto empuja al diseñador a multiplicar su creatividad. ¿Quién no ha sido seducido por sus piezas simples, singulares y solares? Desde Jeanne Damas a Rihanna, desde una adolescente coreana a Christine and the Queens, desde la joven parisina a la estudiante que no puede pagar unos de sus abrigos, pero que le manda un e-mail diciéndole cuánto la inspira. Jacquemus tiene el mundo a sus pies. Cuando está divertido, se levanta, riendo, para actuar este momento en el que, detrás del vidrio de un café, una mujer usando su ropa, lo ve con una mirada extraña, como Who are you, Polly Maggoo?

 

De hecho, es una buena pregunta, “¿Quién es usted?” Sentado en su amplio sofá blanco, Simon habla con sus manos, a veces agradable, a veces modesto, de ese Jacquemus del cuál se le hace muy difícil desprenderse. Cada colección, desde la primera, está vinculada a recuerdos que se reconstruyen a través de las telas. Los santones de Provenza. Vacaciones de verano en La Grande Motte. ¿Una escena de The Pool con Romy, o era el suéter naval de Isabelle Adjani? Recuerdos de su madre, a la que ha perdido y de quien habla en presente y confiesa voluntariamente que está en todas partes, en cada prenda- “aunque hayan miles de cosas que ella nunca pondría.” ¿Una colección cura su angustia o la crea? No toma mucho tiempo decir que tuvo que protegerse de sus propias emociones, emociones que puso en una camiseta blanca y que a veces molestaron al público. “De repente mis recuerdos le pertenecían a todo el mundo, los buenos como los malos. Tuve que aprender a poner barreras. Puede ser molesto, un corazón demasiado abierto” A finales del desfile de moda del verano de 2015, cuando se pone en escena, Simon se quiebra. “Todos estaban llorando. Yo no podía hablar. Incluso los periodistas se deben estar preguntando qué tipo de niño soy.” La siguiente colección fue llamada “La reconstrucción”, y probablemente si estaba un poco reconstruida, de desechos de ropa y de preguntas incesantes de lo que realmente es.

“Cuando empecé toda esta historia, a los 19 años, la idea era que no hubiera barreras con el público... Mi ambición era que todos pudieran entrar a mi universo".

Lo que impresionó, ese día, es en todo caso su sentido de la mesura cuando habla de negocios. De pronto el niño pequeño deja lugar al hombre de negocios que ha logrado hacer crecer su casa sin dejar de ser independiente. “Mi secreto era no tener dinero. Mi segunda colección fue pagada con el dinero que gané de la primera, y es el mismo caso hoy en día. Tengo que vender, no tengo otra opción.” Se acuerda riendo, de aquellas dificultades que nunca ha resentido, cuando trabajó como vendedor antes de preparar su propia colección, cuando vivía su sueño sin contar las horas y las noches casi sin dormir. Originalmente sus dos viejos amigos, Marion, quien ha conocido desde los ocho años, y Fabien, a quien conoció cuando era un adolescente, siguen ahí, aún cuando la familia crece. Porque claro, es una familia cuando todo es tan íntimo. “Paso mi vida con ellos. Comemos juntos en una mesa grande, y me he convertido en una especie de patriarca. Papá, cuando no soy abuelo. Exigente, pero siempre benevolente.” Hoy la casa alberga entre veinte y treinta hijos o nietos, de acuerdo a la urgencia y el tiempo de las colecciones.

 

¿Y esto para qué? La magia. "Es solo una palabra, pero es exactamente eso." Por unos minutos, queda suspendido, y luego el asombro o las lágrimas alcanzan los ojos. "La primera vez que mi padre vio uno de mis desfiles, dijo, “¿eso es todo?” Y yo le contesté, “es todo, pero no es poco”.” Poesía, para Jacquemus, es una camiseta que uno juraría que está arrugada. Es la letra “L”, que empieza en cada una de sus colecciones. Es el detalle que de forma accidental hace surgir una historia íntima o colectiva. Es una mirada viendo constantemente hacia el pasado, hacia materiales viejos, hacia una idealización del Sur del que se deleita gustosamente. Quizás fue a París solo para poder soñarlo, para soñar este Sur que ha formado su identidad. “Desde el momento en el que me fui, me enamoré de donde venía.”

 

Todo es un pretexto para contar historias hermosas. Incluso cuando confiesa haber tenido en su iPhone ciento treinta canciones de Michel Sardou o cuando encontró la manera de resucitar el Twingo de su madre y un cassette viejo que escuchaba una y otra vez cuando era un niño. Debe imaginarse, pequeño Simon, ya vestido todo de amarillo o de azul y rayas blancas. “Estaba dibujando mal. Lo que hizo la diferencia fue la manera en la que creía en todo lo que hacía y así, convencí al mundo entero.” Efectivamente, a medida que se emociona, describe con detalle sus espectáculos de niño, sus disfraces y su primera ropa, casi nos podemos imaginar ahí. A finales de los noventa, en la casa, al pie del Luberon: "Jalé una cortina, encontré unas tijeras largas y en tres minutos, con unas agujetas verdes de mis Converse, le hice una falda a mi madre. Ese mismo día cuando me recogió de la escuela, estaba usando la falda y me dijo "eres el más fuerte”.” Historias así, no se pueden inventar.

“Mi secreto era no tener dinero. Mi segunda colección fue pagada con el dinero que gané de la primera, y es el mismo caso hoy en día. Tengo que vender, no tengo otra opción.”

Traducción Ana Karen Jiménez
Pelo Michael Delmas
Maquillaje Kathy Sant
Asistente de foto Vicente Giradot
Asistente de moda Alizee Henot

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