Moda

La respuesta está en los estampados

por Mónica Isabel Pérez
02.02.2017
Los estampados nunca han perdido vigencia, pero esta temporada Crucero 2017 los encontramos con más fuerza y espíritu lúdico. Indiscretos y casi invasivos, su presencia en las pasarelas no nos deja dudas: estos son buenos tiempos para la excentricidad.

Todo comunica. La moda comunica. Tenemos que ver cada colección que se presenta como si se tratara de un libro. Y en esos libros cada look es una página. Y en cada página hay muchas ideas escritas, no con letras, pero con texturas, con cortes, con colores, con aplicaciones. Hay, como en la literatura, obras cuyo mensaje es más evidente que en otras. Poemas que consideramos «más fáciles de leer». Esos, los más claros y obvios, por calificarlos de algún modo, podríamos compararlos —en esta breve analogía— con las prendas estampadas.

 

Aún en la lectura tradicional, añadir un gráfico nos ayuda a comprender mejor un mensaje, a reforzar —en este caso— lo que las formas ya están intentando decirnos. Como si se tratara del escudo de un estandarte, el estampado nos cuenta una historia, sirve como método de identificación y como una indicación de pertenencia, de una concordancia entre las ideas del que diseña y del que porta. La tradición del estampado, por ser ornamento y un medio de comunicación eficaz, es popular en el vestido prácticamente desde la invención de este. Los famosos prints, que vemos muy a la moda hoy, son en realidad una técnica que nos ha acompañado desde el principio de los tiempos y que nos ha ayudado a organizarnos y distinguirnos entre familias, tribus, religiones y nacionalidades, entre otras categorías. En su reporte Estampado Textil, la organización comercial Cotton Incorporated hace un recuento rápido de los orígenes y evolución del tema: «El origen del estampado es difícil de determinar. Sin embargo, sabemos que algunas de las primeras civilizaciones desarrollaron varias técnicas para estampar color y diseño en prendas. […] En Egipto, registros de los años 23 a 79 d. C. describen una técnica en cera similar al batik. También usaron diseños con tintas grabadas en cilindros de madera para estampar telas alrededor del 400 d. C. En Europa, las primeras evidencias del estampado textil se encontraron en un bloque de madera descubierto en Francia que data de finales del siglo XIV. La familia Thuchdruckers (estampadores textiles) fue bien conocida en Alemania alrededor de 1440. En Estados Unidos, se practicó con bloques de madera en Massachusetts, Nueva Jersey y Pensilvania por los años 1770. Un tremendo descubrimiento ocurrió en 1783, cuando el escocés James Bell inventó un rodillo grabado para estampar».

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Stella McCartney
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Ports 1961
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Hermès
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Ellery
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BCBG Max Azria
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Dior
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Victoria Victoria Beckham
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Sportmax

Como si se tratara del escudo de un estandarte, el estampado nos cuenta una historia, sirve como método de identificación y como una indicación de pertenencia, de una concordancia entre las ideas del que diseña y del que porta.

Así puede verse que nos han dado ganas de estampar nuestra ropa desde siempre y, ahora, gracias a la tecnología de la que fue pionero Bell y que, en la moda, trabaja en mancuerna con los procesos de hechura artesanales, los diseñadores se encuentran con más posibilidades de experimentación. Los estampados que proponen son fuertes, grandes y obvios. Invaden la prenda. Aprovechan que las siluetas son amplias y que hay mucha tela. En esta tendencia hay poca exhibición de piel. Entre más cubierto se esté es mejor, porque entonces habrá más sitios donde estampar. Los estilos —las voces, los mensajes, las ideas— son variados. Los hay como los de reminiscencia oriental que plantea Victoria Beckham, que presenta entre su colección un conjunto blanco, de saco y pantalón, de formas relajadas, elegante, pero amplio como para permitir la práctica de artes marciales y con un estampado azul en contraste, que recuerda las clásicas porcelanas chinas. O también algunos más infantiles y lúdicos, medio nostálgicos, como los que proponen Stella McCartney y Ports 1961. La primera aporta una camisa con gráficos que parecen salidos de una tabla de zoología que explica la variedad de razas caninas combinada con pantaloncillos cortos y calcetines de colores brillantes a media pantorrilla, como se viste un niño dispuesto a salir a jugar; la segunda —Natasa Cagalj, diseñadora para Ports 1961—, juega también en un conjunto que pareciera adornado por un patrón hecho de garabatos aleatorios y que le da un aire de pijama. Más elegantes son las prendas de Ellery y Hermès. La primera presenta una sorprendente colección de espíritu retrofuturista que un solo look no captura: un estampado botánico en un vestido con pantalón debajo —medio oriental, medio retro, medio todo—, el cual llama la atención por tratarse de una enredadera roja que rompe la seriedad que sin ella prometían el blanco y el negro; y la segunda, de la casa francesa famosa por sus evocaciones de elegancia ecuestre, llena con enormes borlas bidimensionales un sencillo vestido negro. 

 

Por su técnica, destaca el abrigo corte frock de Sportmax, cuyo estampado tiene un efecto de luces y sombras que simulan un montón de agujeros como ventanas al vacío instaladas sobre él. Surrealista e irreverente, es una pieza que, de no ser por ese detalle gráfico, sería absolutamente clásica y sobria, pero que gracias a esta adición se vuelve excéntrica y auténtica. Es una forma de decirle al mundo que uno sí podría ser normal, pero que —por fortuna— ha decidido no serlo. 

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