Moda

En el interior de la fábrica de Lacoste

por Orquídea Alburquerque
12.07.2017
Un pequeño pueblo de Francia crea la tela de la clásica polo de Lacoste. Nos tomamos una tarde para visitarla y conocer el proceso de producción.

A dos horas hacia el sureste de París, en el pueblo de Troyes, se encuentra la fábrica principal de Lacoste, la más importante de las seis que mantiene en Francia. Aquí, la marca que fundó René Lacoste en los años 30 se enfoca a producir la tela piqué con la que se construye la emblemática polo L.12.12. (L por Lacoste, 1 por el piqué, 2 por el modelo de manga y 12 por las primeras versiones).

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A nuestra llegada a la fábrica conformada por tres bodegas grandes, la encargada del taller nos da la bienvenida para empezar la visita que nos mostrará todo el proceso de elaboración. Dividido en diferentes etapas (y bodegas), la primera parada muestra la fabricación de la tela, proceso que es de suma importancia para Lacoste, ya que en lugar de comprar telas con un distribuidor externo, la firma crea sus propias materias primas y se asegura de contar con los colores exactos.

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Al entrar, es similar a cualquier fábrica textil. Pueden verse múltiples máquinas circulares que se usan comúnmente para tejer jersey y piqué. Alrededor de estas máquinas hay carretes de hilo color blanco conectados a estas, para que se tejan y se forme una especie de cilindro de tela de varios metros que posteriormente se pintará de acuerdo a la paleta de colores clásicos (blanco, negro, verde, amarillo, naranja, rojo, gris, rosa, café y azul marino) y a los que el equipo de diseño elija para la nueva temporada. Eso es en caso de que la producción sea de piezas de color liso; si se trata de una producción con estampados o con líneas de diversos colores, el proceso es diferente. Se deben unir las telas de diferentes colores a máquina para después sacar el patrón de la polo. A pesar de que podría pensarse que la producción de una marca reconocida internacionalmente sería masiva, en el caso de Lacoste, la atención a la calidad y a cada detalle es indispensable. De las treinta millones de unidades que el grupo produce al año, 600,000 se fabrican en los seis talleres de Francia. Durante el recorrido, vemos a una señora revisando muestras de los rollos de piqué liso a contraluz, mientras otra revisa un rollo “a rayas”, asegurándose de que que el bloque de color azul marino mida lo mismo que el de color verde. “Si existe un defecto en la tela, es decir, si tiene otro color o si no está bien tejida, se descarta ese lote de producción”, nos dice la encargada.

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Una vez que la tela ha pasado el primer control de calidad, se tiñe. El catálogo de colores es muy amplio, existen más de 10 tonos de cada color y, como si se tratara de un laboratorio, realizan pruebas de tinturas para lograr la combinación necesaria para llegar al tono que buscan. A la par de este proceso, una parte de la fábrica está encargada de hacer pruebas de lavado y de analizar la “vida del color” de la tela. Es decir, qué pasaría si la prenda se lava a mano o en lavadora, si se deja secar al sol, o se pone en una secadora, si le cae vino, o algún otro líquido, etc. Mientras esto sucede en unas pequeñas oficinas, afuera se escuchan las máquinas que, como una especie de lavadoras enormes, van pintando la tela. Cuando están listos se arman los rollos de tela de diversos colores para cortarlos.

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En la siguiente estación, un equipo detrás de una computadora calcula los metros disponibles de tela y cuántas polo podrían salir de cada una. A partir de este momento, el proceso se vuelve más interesante. Es aquí donde entra la participación de un grupo de 30 mujeres que han dedicado (en su mayoría) toda una vida a crear polos de Lacoste. Distribuidas en diferentes mesas, con máquinas de coser, cada grupo tiene una función específica y de ellos depende que todo salga correctamente. Mientras escuchan la radio, o hablan entre ellas, o simplemente se aíslan con sus audífonos; algunas cosen las mangas, otras colocan los cuellos, cosen los botones o la etiqueta o bien, colocan el pequeño cocodrilo verde del lado izquierdo de la prenda. Si la polo fue ordenada por internet y requiere un proceso de personalización, existe una persona encargada de supervisar que todo concuerde con la petición del cliente. Cuando las playeras están finalizadas, entonces es tiempo de revisar, planchar y empaquetar para que salgan a distribución. Con esta y las otras cinco fábricas ubicadas en el país, la marca busca impulsar lo “hecho en Francia” y promover la producción local. “Respetamos mucho la mano de obra. Algunas de estas mujeres han estado en Lacoste por más de 30 años. Son apasionadas de su oficio y su talento es único”. Para seguir contando con las mejores manos, crearon una academia textil dentro de la fábrica de Troyes, para reclutar a 100 personas que estén interesadas en el oficio de confección, por medio de dos convocatorias al año (en un periodo de tres años). Nuestra visita termina y después de esto, es difícil ver una polo de la misma manera. “Lacoste busca mantener un juego justo en su producción, tal como lo hacía René en las canchas de tenis”, concluye la jefa del taller.

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