Moda

El poder de las flores

Tan integrado está el Flower Power a la cultura pop que poco a poco dejamos de pensar en la poderosa ideología que hay detrás de este concepto. Por fortuna, las colecciones de esta temporada nos ayudan a recordar un manifiesto que convoca a soluciones sin violencia con un optimismo firme y desafiante. 

 

El 16 de octubre de 1965, el movimiento pacifista que había nacido en San Francisco en respuesta a la guerra de Vietnam, había sufrido una derrota desmoralizante. Unas cinco mil personas que caminaron desde la Universidad de Berkeley hasta el área donde se ubica el aeropuerto de Oakland solicitando un acuerdo de paz, fueron amedrentadas por los Ángeles del Infierno, un club de motociclistas que entonces más bien funcionaba como organización criminal, dispuesto a demostrar su apoyo a la guerra por «el bien de la nación».

Entonces, con el objetivo de no dejar caer los ánimos, Allen Ginsberg —el poeta beatnik que en 1956 había vuelto loco a todo Estados Unidos con la publicación de su poema «Howl»— propuso una manera poética y no violenta de protestar y, al mismo tiempo, de contrarrestar las fuerzas opuestas que volverían a afectas las manifestaciones pacifistas.

El 19 de noviembre de 1965 publicó en el periódico underground Berkeley Bar el manifiesto «Demonstration as Spectacle as Example, as Communication», donde invitaba a los protestantes a usar banderas blancas y estadounidenses, instrumentos musicales, canciones— como I Wanna Hold Your Hand, de los Beatles—, cámaras, grabadoras, símbolos espirituales —de todas las religiones posibles— y flores, «muchísimas flores —un espectáculo visual— especialmente concentradas en las líneas frontales». Sobre el uso de estas, especificó: «Pueden utilizarse para establecer barricadas para dar como regalo a los Ángeles del Infierno, a policías, políticos, periodistas y espectadores en el momento en que sea necesario hacerlo, o al final de la marcha. A los manifestantes se les puede pedir que traigan sus propias flores. Las líneas delanteras deben organizarse y ser provistas con flores por adelantado».

Su idea con esta manifestación-performance artístico, era dejar claro un mensaje: «[durante las protestas] no peleamos». «Tenemos que usar nuestra imaginación», decía, «podemos hacer un espectáculo, una declaración inconfundible, lejos de la psicología de la guerra que no nos lleva a ninguna parte. Tal declaración será, con alivio, escuchada alrededor del mundo».

Vemos, en este inicio de la temporada, flores por todos lados [...] También en las prendas que nos visten, como si quisiéramos ver germinar en nosotros nuevos colores y despertares. 

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Chloé
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Michael Kors Collection
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Prada
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Marni

Fue así, gracias a un poeta y a decenas de miles de jóvenes, muchos de los cuales se identificaban ya como parte del movimiento hippie, que en 1965 nació en Flower Power, que hoy tristemente usamos más como un referente pop que como un manifiesto político que haría falta seguir practicando en el mundo. Por eso, en un momento político que, como este, está haciendo temblar el orden global, resulta tan importante que la moda nos recuerde un tiempo en el que los ciudadanos salían a las calles a exigir la paz, contrarrestando el miedo con arte y la violencia con belleza. 

Vemos, en este inicio de la temporada primavera/verano, flores por todos lados. Están en la naturaleza, como símbolo inequívoco del final de la crudeza del invierno, como evidente señal de esperanza y de vitalidad, y las vemos también en las prendas que nos visten, como si quisiéramos ver germinar en nosotros nuevos colores y despertares. La hay en distintas representaciones, con significados e intenciones que varían según la mente de cada diseñador. Botera Veneta y Salvatore Ferragamo las alejan de todo momento político y hacen referencia a jardines fragantes con atuendos frescos, femeninos y discretos. 

Más vanguardistas son Dries van Noten y Marni, que apuestan por formas poco obvias, un ejercicio que también hacen Prada y Victoria Beckham. Gucci e Isabel Marant presentan resultados más románticos, cuyas texturas recuerdan las de viejos tapices de Europa del Este. Más cerca del momento histórico en el que el «poder floral» nos ha situado, está en Balenciaga, que —una década adelante— vota por la psicodelia, con colores brillantes y formas sueltas. Y por último, en el completo espíritu de la época, aparecen prendas desarrolladas por Chloé, Michael Kors y Tory Burch, que exploran sin disimulo el atuendo cliché de los hippies californianos que al verse contagian las ganas de cantar California Dreamin. Qué bueno saber, después de un invierno lleno de noticias desalentadoras, que la primavera siempre llega, y que, aunque sea en nuestras prendas, estaremos rodeados de muchas, muchísimas flores. Un espectáculo visual.

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Bottega Veneta
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Dries Van Noten
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Isabel Marant
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Victoria Beckham

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