Moda

Con afecto, Carolina

por L'Officiel México
08.05.2017
Carolina Herrera de Báez le escribe una carta a su madre, quien acaba de cumplir 35 años como una referencia en la moda.

Querida Carolina,


Qué raro suena llamarte Carolina, ¿no?, mejor empiezo de nuevo.
 

Querida Mami,


Creo que la última vez que te escribí una carta fue hace más de 25 años, cuando pasaba las navidades en India con una amiga (como dos mochileras hippies) y escribía a casa muy a menudo para que no te preocuparas.

Muchos años han pasado desde entonces y cuántas cosas han cambiado. Como sabes, aún soy una aventurera y un poco nómada. De hecho, te escribo desde un avión, uno de mis hábitats preferidos. No sé exactamente dónde estoy pero el día es espectacular y es el momento perfecto para decirte lo que te quiero decir.

En 2016 cumpliste 35 años en la moda y lo hemos celebrado por todo lo alto. Pero para mí eso es poco comparado con tus logros como madre, hermana, amiga, esposa y mujer.

Tú me enseñaste a darle importancia a las cosas que realmente la tienen, a cultivar un mundo interior, a no medirme por el éxito pero tampoco venirme abajo por las piedras en el camino; a amar a los animales, los libros, el arte, a no tener miedo, a ser humilde y generosa, a ser un poco misteriosa («nada más aburrido que una mujer que es un libro abierto», como siempre dices), a ser organizada y disciplinada, y a soñar. Soñar mucho.

Nunca nos percatamos de lo que sacrificaste en estos últimos 35 años porque todo lo haces con tal discreción, elegancia y naturalidad que logras que parezca fácil. Muy pocos saben de tu sentido del humor, que muchas veces nos hace llorar de la risa; que eres una romántica (algo de eso he heredado de ti), que eres fuerte y que nunca te quejas; que tardas 20 minutos en vestirte, que eres muy independiente, que fuera del trabajo no tienes una asistente personal, que usas Uggs en invierno, que te encantan los sándwiches de queso derretido al grill con tocino, que uno de tus lugares favoritos es la cafetería Three Guys en Nueva York, que te encanta ir al cine sola (a mí también), que desayunas todos los días en la cama, compartiendo tostadas con Marcus, tu bóxer, que te encanta dormir, que te enganchan las series de televisión... En fin, si continuara desvelaría tantas otras cosas de ti que seguro me ganaría un regaño porque ¿dónde estaría entonces el misterio?

Creo que no me di cuenta de tu trabajo ni de que eras una persona importante, (que ya me suena raro, pero que es mejor que la palabra «fa-mo-sa», prohibida en casa), hasta un día en que vi pasar un autobús por Madison Avenue que tenía escrito Carolina Herrera en letras gigantes. Tuvimos una infancia sin preocupaciones y llena de fantasía. Crecimos en un ambiente normal, sin pretensiones pero rodeadas de cosas bonitas. Recuerdo que decir «estoy aburrida» era motivo de castigo.

Ahora que tengo hijos te entiendo mucho mejor. ¡Pobre de ti! Cómo te torturé con mi elenco de novios, mis etapas y la moda que acompañaba a cada una (filósofa existencial, poeta torturada, rockera). Tú sabías que yo me transformaba en el taxi, después de salir de casa con el vestido de nido de abejas, los calcetines por la rodilla y los mocasines (¡que odio hasta el día de hoy!).

Sabías que cuando decía que iba a estudiar para un examen a casa de una amiga terminaba bailando en Área hasta la hora de ir al colegio. Pero en la prueba me iba muy bien porque siempre he tenido claro el sentido de la responsabilidad y la pasión por hacer las cosas, que aprendí de ti.

A menudo me preguntan sobre el mejor consejo que me has dado. Pienso que no hay uno en particular. Siempre nos has inculcado el ver la vida con ojos frescos; nunca perder la curiosidad, entender que todo alrededor es pasajero y prestado, menos nuestro mundo interior y que ese hay que cultivarlo siempre.

Carolina, ¡felicidades por estos 35 años! Quiero que sepas que mi amor y admiración van mucho más allá de tus logros profesionales, que ya son infinitos.
 

Carolina Herrera de Báez.

 

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