Man

Brett Schultz

por Felipe Pando
04.09.2017
Con espacios a punto de abrir en Los Ángeles y la Ciudad de México, Schultz explora nuevos modelos para las galerías.

Fotografía David Franco

Brett Schultz es uno de los personajes con mayor visibilidad dentro del circuito del arte mexicano. Esto se explica en gran medida gracias al trabajo que ha realizado en galerías de corte emergente, como Yautepec, o iniciativas como la feria de arte Material. Como lo ha hecho en aquellos proyectos, ahora el galerista propone nuevas formas de operar dentro del mercado del arte. Lo hace con dos nuevos recintos. El primero de ellos, Ruberta, abrirá el 10 de septiembre en la zona de Glendale (Los Ángeles) y funcionará como una “cooperativa” en la que cinco galerías se dividirán el calendario de exposiciones durante un año. Diez días después regresa a la Ciudad de México para la apertura de su nueva galería, BWSMX, que ocupará el espacio de la colonia San Rafael donde antes se encontraba Yautepec. En entrevista nos cuenta los detalles sobre estos y otros proyectos.

¿Cómo llegaste a dirigir una galería de arte?

Soy de Chicago. Estudié en Los Ángeles y después hice una maestría en Tisch (escuela de arte de la universidad NYU). Ahí conocí a Daniela Elbahara; ella estudió en Estados Unidos y tenía una beca Fullbright que la obligaba a regresar a México por dos años cuando terminara. Eso ocurrió en 2007 y vine con ella.

 

Y junto con Daniela fundaste la galería Yautepec en 2008...

Sí, tenía una amiga que nos presentó la oportunidad de utilizar un espacio abandonado de su familia para hacer exposiciones, decidimos probar y crear una galería comercial dedicada a artistas emergentes. Proponiendo un nuevo modelo y llenando un vacío que existía en ese momento.

 

Yautepec se posicionó gracias a ese enfoque, ¿por qué decides cerrarla?

A principios de abril, Daniela, mi exsocia, y yo decidimos separarnos. Ella quería un descanso, ya que todo el proceso de la galería y la feria (Material) ha sido desgastante, necesitaba tomar un tiempo para ver qué es lo que realmente deseaba hacer. Ahora está trabajando en un libro. Aún somos muy amigos. Si no fuera por ella no estaría aquí.

 

¿Qué pasó después de su salida?

Decidí que no existía otra cosa que quisiera hacer más que una galería, pero ahora como un proyecto propio. Un amigo, Tyler Park, director de The Pit (galería en Los Ángeles), me ofreció un espacio para colaborar. Ahí hacen seis exposiciones al año con una agenda muy regular: hay una nueva expo cada dos meses. Cada una dura seis semanas y toman dos semanas para desmontaje y montaje.

Siempre funciona así y siempre abren en un domingo. Pensé sobre esa estructura y también en el acto de invitar a otra galería a compartir espacio con ellos. Y entonces pensé ¿por qué no usamos este espacio como algo parecido a una cooperativa, que puede tener una presencia más permanente?, no solo como un pop-up sino haciendo un espacio nuevo entre cinco galerías.

¿Y cómo funcionará?

Hemos estado calculándolo así: podemos hacer una exposición colectiva entre todas las galerías que estamos en el proyecto y luego a cada una de la cinco galerías le tocará una residencia en ese espacio. Así todos tenemos cuatro meses de visibilidad (la expo colectiva, más la residencia), en Los Ángeles que es un mercado increíble. En la inauguración yo exhibiré a Sangree.

 

¿Quienes participan?

Galería Lodos, de Ciudad de México, Agustina Ferreyra —de San Juan y que está por abrir en CDMX—, Proyectos Ultravioleta, de Guatemala, y Carne, de Bogotá. Todos somos amigos pero también galerías de un cierto perfil: latinoamericanas, jóvenes, trabajamos con artistas emergentes, intentamos mantener un programa internacional y viajamos mucho para promover a nuestros artistas.

 

¿Qué te gustaría lograr con una iniciativa como Ruberta?

La idea es desacelerar. Sobre todo lo que ocurre en las ferias de arte, donde hay un ambiente muy estresante y de competencia que no es tan bueno para las galerías medianas y pequeñas.

 

¿Qué es lo que más te gusta de este modelo?

Funciona como una residencia de mediano a largo plazo, y me permite invitar a algún curador a que venga, vea la expo y que estemos tranquilos. Podemos conocernos como humanos y no solo como algo transaccional del tipo de: “te paso mi tarjeta y tú me pasas la tuya. Estamos en contacto”.

Todos podemos llegar a un buen balance: participar en las ferias que queremos —porque aún son importantes— pero tener presencia en otros lados a través de otros modelos que son más lentos y tranquilos, que nos dan chance de platicar bien con la gente.

 

Y en términos operativos también es bueno para todos...

Con este modelo gastamos anualmente menos de lo que nos costaría participar en una feria de cuatro días. Tenemos cuatro meses en lugar de cuatro días. Podemos aprovechar todo ese tiempo.

¿Qué comentarios has tenido de los otros galeristas?

Estamos muy emocionados. Por ejemplo, Francisco Cordero-Oceguera, de Lodos, me decía que este gesto es algo esencialmente político, esta es una exportación de América Latina a Estados Unidos y eso me emociona. Tenemos presencia en Los Ángeles pero de una forma innovadora, interesante y muy DIY (hazlo tú mismo), además participamos de alguna manera en el programa de Pacific Standard Time, con algo que nadie ahí ha visto. Eso es lo que me emociona. Está muy bien que podemos innovar allá y exportar ideas y nuevos modelos que alguien en Europa puede adoptar.

 

¿Crees que este tipo de iniciativas se van a dar más en el futuro?

Sí, tienen que. Actualmente hay galerías que están cerrando por todos lados. Vemos eso en las capitales como Londres, París, Nueva York, porque son mercados muy saturados. Esa necesidad de participar constantemente en ferias y gastar, con la renta que cuesta un espacio en Nueva York o Londres, vuelve difícil la situación de galerías. Aquí (en México) es más tranquilo: la renta es más barata pero todavía enfrentamos esos costos cuando tenemos que hacer ferias en el extranjero.

 

¿Cómo ves que evolucionará el modelo de la galería?

Hay muchas tendencias, siento que hay una incertidumbre que es productiva ahora. No puedo predecir qué será de la galería en 10 años. Pero creo que algo que sí veremos más y más será una onda más cooperativa. Esto sí es algo generacional —como lo ha sido en todas las industrias— y, aunque se tardó un poco en llegar al arte contemporáneo, ahora lo vemos con fuerza. Creo que será algo muy normal que veamos alianzas entre galerías que cruzan fronteras. No creo que las galerías desaparezcan. Quizá los modelos cambiarán un poco.

 

¿En qué forma?

La mayoría sigue con el modelo que originó el galerista neoyorquino Leo Castelli en los años 50: tener un grupo fijo de artistas representados y controlar todo. Ahora es más difícil porque todo es mucho más internacional. Los artistas pueden tener galerías en todos lados, los costos de operación no les permiten sostener a un grupo grande de artistas constantemente, o tal vez no pueden producir las exposiciones increíbles que habían podido hacer antes por todos los costos que han tenido para poder vender.

Creo que veremos cambios en el modelo —habrá mucha experimentación— pero lo que me emociona es que es un mundo que realmente está adaptándose y parece que lo está haciendo rápido.

 

Y en el espacio físico que ocupaba la galería Yautepec (Melchor Ocampo 154, San Rafael), el 20 de septiembre abrirás una nueva galería, BWSMX, ¿son las iniciales tu nombre?
Sí, Brett William Schultz. Estoy jugando un poco con la pretensión de abrir una galería con mi propio nombre, lo escribo mal y cosas así. Porque sí, de alguna manera estoy en el centro de la operación, pero la identidad de la galería no es fija ni quiero que sea así. No pretendo saber exactamente qué es lo que haré con este proyecto y me gusta. Sé que cometeré errores y aprenderé de ellos.

Este gesto es algo esencialmente político, (Ruberta) es una exportación de América Latina a Estados Unidos y eso me emociona. Está muy bien que podemos innovar allá y exportar ideas y nuevos modelos...

¿Qué quieres hacer en esta galería?
La idea es darme la flexibilidad de saltarme un poco todo lo que representaba Yautepec. Esa fue mi educación y pasé por varias épocas. Ahora quiero seguir construyendo esas relaciones que inicié ahí y, al mismo tiempo, abrir el programa asumiendo riesgos, e intentar darle un aspecto que luzca un poco más dentro de la escena local. Eso, mientras sigo en iniciativas más internacionales.
 

¿Con qué artistas trabajarás ahí?
Seguiré con todos de una manera un poco distinta. No quiero tener una lista de artistas que sean “mis representados”. La primera exposición de BWSMX será con Fabiola Menchelli. Ahora quiero pensar más los momentos en que, en nuestras vidas independientes, nos conviene colaborar. También quiero trabajar con mucha anticipación, no por tener la obligación de dar una exposición individual a ese artista porque “le toca” o porque ha pasado mucho tiempo desde su última muestra...

 

¿De qué forma es dañino para los artistas hacer eso?

Muchas veces lo que pasa en el ciclo de una galería es que llega un momento en que al artista le toca la exposición pero realmente no tienen algo fuerte para mostrar y todos sufren por eso. Lo ideal sería darle a cada elemento el tiempo que necesita para madurar y de ahí avanzar como proyecto, pero creo que para mí, la idea de ser padrino y dueño de un artista y de su carrera ya pasó. Quiero que los artistas tengan la posibilidad de moverse y tener más visibilidad sin que todo tenga que pasar por mí.

 

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