Sebastian Errazuriz diseña el lounge de Audemars Piguet en Art Basel - L'Officiel
Arte y Cultura

Sebastian Errazuriz diseña el lounge de Audemars Piguet en Art Basel

Conversamos con el artista chileno a propósito de Second Nature, escultura que homenajea el oficio relojero y que se presenta por estos días en la edición suiza de Art Basel.
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Del 15 al 18 de junio, 300 de las galerías de arte más importantes del mundo se reúnen en la que está considerada como la feria de mayor relevancia en el mercado: la edición suiza de Art Basel. En ese contexto, no resulta extraño que, desde 2013, sea una firma relojera —Audemars Piguet— la encargada de brindar un poco de tiempo —y espacio— a los asistentes ante todo el movimiento que ocurre en los 27,500 metros cuadrados del Messe Basel, recinto donde se realiza el evento. En una cita llena de creatividad, la firma ha creado un lounge para presentar distintos proyectos. El año, pasado convocó al chileno Sebastian Errazuriz (1977) a desarrollar el espacio. En esta ocasión el artista, afincado en Nueva York, repite su colaboración con la casa. Esta vez lo hace con Second Nature, escultura de un árbol con la que homenajea el oficio relojero. Conversamos con él en exclusiva sobre esta obra.

¿Cómo surgió esta colaboración con Audemars Piguet?

Hicieron un concurso cerrado en el cual invitaron a algunos despachos de arquitectura a presentar conceptos y tuvimos la suerte de que eligieran nuestra propuesta. Después hicimos una visita al valle de Le Brassus en Suiza, donde está la manufactura. Me tocó entrar y aprender a partir de cero. Traté de comprender realmente quiénes eran ellos, qué necesitaban y fui un poco como psicólogo; cuando escuchas y tratas de descubrir quién es esta persona, de qué se trata, cuáles son sus inquietudes, necesidades y problemas, y dentro de eso luego sugieres, de manera muy simple, hacia dónde se quiere ir.

 

¿Cuál fue el reto de este proyecto?

Ser capaces de generar un área que capturara la atención del público dentro de un gran espacio en el que hay por lo menos 300 exhibidores. Ahí hay un público que avanza apurado, sobre estimulado, con muy poco tiempo. Un público, además, bastante exquisito, acostumbrado a ver trabajos de primera categoría que serán expuestos en 300 booths, cada uno con cerca de siete u ocho obras en promedio, que tratan de captar su atención. Dentro de ese escenario, tengo que tratar de generar un quiebre, crear un espacio no solo para llamar su atención, sino para establecer una conexión que permita que ellos puedan acercarse, desconectarse del resto de lo que sucede en la feria y conectarse con productos de esta empresa.

¿Cómo desarrollaste este segundo proyecto para la feria?

La idea era hacer un homenaje a los relojeros. Ellos hacen las piezas a mano, es algo que, si lo piensas, no tiene sentido. No es lógico racionalmente que hoy día sea una persona y no un robot el que arme un reloj. Si vas más allá y lo piensas de nuevo, tampoco tiene sentido que sigamos haciendo relojes con mecanismos, cuando tenemos los de cuarzo y los digitales. De hecho, ni siquiera tiene sentido tener un reloj hoy día, porque ya lo tengo en mi celular, desde donde te estoy llamando, en la computadora, en el microondas, en el metro. Está en todas partes.

 

¿Entonces por qué usar un reloj actualmente?

Hoy día ya no lo tienes por la hora, lo tienes porque quieres tener un elemento que habla de quién eres, que tal vez te recuerda la relación con tu padre, tal vez sea un objeto de estatus, tal vez te recuerda una tecnología de otra época en la cual el ingenio humano había llegado a un nuevo nivel. Es un objeto mucho más filosófico, más interesante y pedirle a los relojeros hoy día que armen estos relojes inútiles —entre comillas— a mano, es de una obsesión y un sacrificio que solo se justifica para alguien que quiera pagar eso, que quiera saber que su reloj fue ensamblado artesanalmente. Por ende, la pregunta era cómo honramos a esta gente, a estos héroes de lo ilógico.

¿Cómo lo hiciste?

Para la feria de arte presentamos una escultura en la que tomamos un árbol, lo cepillamos y lo cortamos en planchas y lo unimos para crear un gran bloque de madera. Después construimos un árbol en una computadora, símbolo de crecimiento, de historia, con las raíces. Es uno completamente falso y luego, con una serie de robots, empezamos a tallarlo para sacarlo de su bloque. Es un ejercicio fútil, inútil, ridículo, obsesivo, de derroche, y sin embargo, es poético y de un sacrificio y de un dolor, y de una dificultad y de un cansancio que tal vez sea similar al agotamiento de los relojeros. Y ahí generamos esta segunda vida esta Segunda Naturaleza.

 

¿Qué es lo que te pareció más interesante de poder participar en esta iniciativa?

Creo que muy pocas empresas son las que están dispuestas a hacer proyectos de este tipo y, por ende, es una empresa tan interesante, porque si bien es una firma de objetos de lujo, venden una tecnología que fue desarrollada por generaciones en base a una técnica que sigue siendo hecha de la misma forma en que se realizaba antes, de una manera que solo tiene sentido para aquellos que lo valoran. Que estén dispuestos a permitirle a un artista que haga una obra de este nivel de obsesión y tan ilógica es bellísimo. Para mí es una oportunidad única.

¿Tu usas reloj?

Uso uno que no tiene minutero ni horario, solo segundero. Es un reloj antiguo. La idea es que solo me recuerde que el tiempo está pasando. El acto de darle cuerda todas las mañanas a este reloj, que es parecido al acto de lavarme los dientes o la cara, es simplemente para estar consciente de que el tiempo está pasando y por eso hay que hacer trabajos que valen la pena. Hay que hacer esas cosas que te dan miedo, hay que ir a esas áreas que parecen difíciles. Hay que ser valiente.

 

 

Art Basel. Del 15 al 18 de junio, Messe Basel, Suiza.

Imágenes cortesía Audemars Piguet

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