Entrevista: Liza Ambrossio - L'Officiel
Arte y Cultura

Entrevista: Liza Ambrossio

La artista mexicana, recientemente galardonada con el primer premio en los Voies Off 2018 en Les Rencontres de la Photographie en Arlés, Francia, nos habla sobre su filosofía creativa y sus próximos proyectos.
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Liza Ambrossio es una joven artista mexicana (Ciudad de México, México, 1993) que vive y produce en Madrid, España. En su trabajo se mezclan archivos macabros, pinturas crípticas, performance, textos, videos y otros medios de expresión, que le valieron el primer premio en los Voies Off 2018 en Les Rencontres de la Photographie en Arlés, Francia, y del FNAC New Talent Award 2018; además, obtuvo una beca del FotoFest de Houston 2018, fue seleccionada como parte de New Visions 2018 en el festival Cortona On The Move en Italia y expondrá en el festival FORMAT en Londres en 2019. Conversamos con ella.

 

Todo artista tiene sus propias obsesiones temáticas o discursivas, ¿cuáles dirías que son las tuyas? ¿Qué te adentró a esos temas?

Soy un ser lleno de obsesiones relacionadas con el encuentro y la búsqueda de mis demonios, no se porque me han escogido y en general estoy demasiado ocupada para preguntármelo, simplemente los he asumido. Soy muy ambiciosa, tengo muchos sueños, sueños angustiosos de los que necesito liberarme. Hasta no cumplir alguna de mis metas no tengo paz.

Mis proyectos dialogan sobre la rudeza, la sutileza, la complejidad y la emoción de vivir fuera de las estructuras ilustrando así mi éxodo existencial, místico y psíquico.

 

¿Qué hace que la obra de un artista  sea memorable?

En mi opinión, un autor potente es el resultado de filosas vivencias —no confío en aquellos que hablan o hacen de lo que nunca han experimentado—. Ser un rebelde sin uniforme es exhalar revoluciones en constancia limitadas solo por mi  capacidad de pensamiento, producción o cansancio. Adentrarme a estos temas fue resultado de convivir con mi truculenta familia y su casi genial capacidad de tortura psicológica que destilé a lo largo del tiempo, desarrollando desarraigo, interés por la medicina, el chamanismo, la lingüística y posteriormente por la narrativa para poder dibujar, así —a lo salvaje— mi latifundio de emancipación.

 

¿Cómo describirías tus proyectos?

Mi cuerpo de trabajo mezcla archivos macabros, pinturas crípticas, performance intervención, video, psicología, sueños y pesadillas lucidas, ciencia ficción y brujería que uno por libre asociación.

En mis proyectos más recientes reflexiono sobre lo perversas e innecesarias que son las estructuras sociales (familia, religión, nacionalidad, nombre, apellido), y las narro como las he experimentado: como una maldición consanguínea en el contexto de la hechicería mexicana. En mi más reciente experimento, investigo las consecuencias de la ejecución de la violencia femenina entremezclando mis viajes mentales y reales como una declaración de honestidad hasta lllegar a la ruptura conmigo misma. 

 

¿Qué es lo que más disfrutas de tu trabajo como creadora?

La autonomía creativa. Desarrollar la capacidad de ser responsable solo ante mi obra, lo terrible de la honestidad bruta con que hay que abordar la faena y el día a día en general, la fantasía de quien construye sobre el aire y la independencia de la que solo la religión del arte dota.

 

¿Recuerdas cómo decidiste convertirte en artista?

Ya sé que suena romántico, pero yo no elegí el arte; el arte me eligió a mí. Desde que tengo conciencia siempre he visto esa serie de ventanas de oportunidad como mi única realidad posible. Es lo único que sé hacer y lo único a lo que quiero dedicar mi vida.

 

¿Cómo fue tu primer acercamiento al arte?

De niña estudié pintura clásica, pero no me considero una pintora con mayúsculas. Después pase un par de años esculpiendo personajes imaginarios en masa de maíz, plastilina y bobadas por el estilo. Pronto mi madre descubrió que escribía muy bien, pero no le gustaba lo que escribía porque desde chiquilla fui radical y me gustaba basar mis personajes en la gente cercana a mí —como hacen la mayoría de los escritores—, ya supondrás que eso me ganó un pase a terapia. Así que escribir estuvo bien por a ratos pero en secreto. Tiempo después, cuando tenía dieciséis años me desperté, tome un puño de dinero de un cajón, no sabía cuánto costaba nada,—quizás me cobraron demasiado o muy poco—. Pero llegué a una tienda en el Centro Histórico de la Ciudad de México y le dije al vendedor que me diera lo mejor que pudiera comprar con lo que tenia. Lo demás es una mezcla de caídas y saltos al vuelo. Es así que me integre al mundo de los espejos.

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¿Qué significan para ti y para tu carrera los reconocimientos que has recibido este año en Francia y Estados Unidos?

El descubrimiento de algo que solo había supuesto; el talento, la cultura del trabajo y la disciplina sí dan resultados. A veces creo que ser un artista —en serio— o un deportista es lo más cercano a querer ser santo. Buscamos algo más allá de lo inmediato, algo que no sabemos si existe, que quizás es solo una trampa que nos ha planteado la cultura, para que no todos nos hagamos contadores, políticos o financieros. Va más allá de la fama o la fortuna posibles y sin embargo nunca estas muy seguro de qué es. Y si lo alcanzas, te incendia como a Ícaro: te pinta de dorado unos segundos y luego te mata.

Diría que si estoy más frecuentemente orgullosa de ser quien soy ahora y de que me he dado mi primera herencia autogestionada: la obligación de ser una chingona en todos los sentidos de la palabra e inspirar a otros compatriotas; aunque al final sé que lo que se hace nunca es tan bueno como podría ser, siempre hay que fantasear y apuntar más alto.

 

¿Qué te inspira?

Creer que la realidad está sobrevalorada y la fantasía subestimada, en mi resolución, lo más rico que existe en la vida es la fabulación y el poder de imaginar.  Por eso es que mi fotografía esta cargada de gestos performáticos y cinematográficos,  al mismo tiempo alusivos al archivo pictórico y del documental. Consecuentemente mi trabajo se ha convertido en un ejercicio de libertad siniestra llevada hasta sus más extrañas consecuencias, que posee una fuerte relación con el azar y el instinto y trata de usar todas las herramientas narrativas para crear alguna emoción dentro de  la imperfección.

Es una afrenta al terror y la deshumanización porque creo que la pasión humana es en sí misma un acto de desafío. Disfruto jugar a fallar y vivir, mezclando diversas técnicas (imágenes de archivo, intervención pictórica, maquillaje, collage, fotografía analógica y digital…). Los textos que acompañan mi trabajo los inspiro basados en crudos instantes de desapego extremo. Entre la locura y la completa claridad (flashbacks).

 

Hablas sobre reflejar cuán perversas e innecesarias son las estructuras sociales… Muchos coincidimos en tu visión, pero en tus ejercicios personales de reflexión y creación, ¿cómo imaginas que la humanidad pueda liberarse de eso que ha creado y que la aqueja?

Considero que hay que estar totalmente loco y profundamente cuerdo para salirse de la manada, entender que obligarse a estructurarse dentro de una “falsa caja de poder —o debilidad—” no produce más que ira o devoción. En la actualidad solo puedo hablar desde la trinchera que me estoy creando. El arte, la ciencia y la filosofía son para mí ese “espacio amorfo” que sirve para dar voz, vida y muerte a lo que puedo ver, quiero ver y se me a revelado como lastres de la experiencia humana e incluso sobrehumana.

 

Estás trabajando en una serie, Naranja de Sangre, ¿cómo empezó el proyecto?

Se detona por el choque de colores entre el  naranja que significa juventud y el rojo, violencia. Explotados dentro de una sección en mi mente que permanece en la oscuridad. En este circuito mi relación con el terror responde a una necesidad muy primitiva, pues me permite dibujar un retrato contemporáneo del caos con imágenes en que emergen personajes extraños capaces de asumir una personalidad sobrenatural.

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