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Racismo Latinoaméricano

Como un virus que arrastramos con nosotros sin darnos cuenta. Es difícil enfrentar el tema porque somos incapaces de reconocer nuestra base Indígena y Africana, elementos obvios que han forjado nuestra cultura y que son parte de cada uno de nosotros.
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Sin Título, capturada en Honduras, 1992. Imagen perteneciente a la serie Tengo Casi 500 Años: Africa's Legacy in Central America. Fotografía por Tony Gleaton / Cortesía Smithsonian American Art Museum.

Desde niños nos enseñan a disfrazar, esconder, ignorar y reprimir cualquier rasgo asociado con nuestra identidad Indígena y Africana. Todo aquello que se aleje de una tez clara, a todo aquello que no sea Europeo. A través de nuestra historia nos han instruido sistemáticamente a rechazar elementos notables de nuestras propias raíces. Hemos enterrado nuestra base Indígena y Africana. Ciegamente nos han enseñado a «mejorar la raza». Un mantra que ha sido religiosamente repetido por nuestras familias. Olvidamos que los elementos Indígenas y Africanos fueron esenciales para el desarrollo de nuestra identidad y la construcción de la cultura latina. 

Con frecuencia nos negamos a reconocer la fuerza y el aguante de nuestros antepasados Indígenas y Africanos, y su rol en el desarrollo del continente. El nuevo mundo, esto que hoy orgullosamente llamamos América, no sería lo que es sin el enorme aparte de ambos pueblos a nuestra cultura. Sin ello no seríamos lo que somos hoy en día, sin ello no estaríamos hoy en el lugar en donde estamos. Es necesario admitir que si nos convertimos en una región próspera a lo largo y ancho de la historia fue gracias al poder de la mano de obra Indígena y Africana. Fueron ellos los que con cada gota de sudor y trabajo arduo pudieron crear y extraer riquezas de la tierra, una tierra abundante y fértil, una tierra de los que ellos también son parte. Muchos de nosotros tenemos temor a reconocer y honrar la belleza Indígena y Africana, y con ella la magia que reside dentro de cada uno de nosotros y nuestra cultura. Justamente es ese miedo lo que nos empujar a callar, los que nos paraliza y nos impide reconocer qué posición tomar. Tenemos miedo a pronunciarnos porque nos aterra vernos por lo que verdaderamente somos. 

 

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Un Hijo de Yemayá, capturada en Belize, 1992. Imagen perteneciente a la serie Tengo Casi 500 Años: Africa's Legacy in Central America. Fotografía por Tony Gleaton / Cortesía Smithsonian American Art Museum.

Resulta imposible continuar ignorando la contribución Indígena y Africana en nuestra sociedad y en nuestro mapa genético. En nuestra historia Latinoamericana, la división racial ha mostrado ser tóxica e inefectiva. Un virus que ha debilitado el poder económico y social de nuestras naciones. Un virus que puede ser combatido si logramos reconocer, honrar y sumar con orgullo cada uno de los elementos raciales que conforman nuestra cultura, cada uno de los elementos que conforman lo que auténticamente somos.

A lo largo de nuestra historia hemos irrespetado y maltratado a nuestra propiamente gente sencillamente por el color de su piel. No podemos seguir renegando del elemento Indígena y Africano. Ambos son parte de nuestra identidad, son parte de quienes somos. Existen en la música que bailamos y la comida que amamos. Si prestamos atención y somos honesto con nosotros mismos, también lo veremos en nuestro reflejo frente al espejo, en lo carnoso de nuestros labios, en la intensidad de nuestra mirada y en determinación de nuestro espíritu.

Es hora admitir que nos han educado sistemáticamente para desdeñar todo aquello que se parezca a lo Indígena y a lo Africano. Nos han enseñado a negarle el acceso a todo aquello que no asemeje a lo blanco. Nos han programado a negarle una voz dentro de nuestra vida y nuestra sociedad. Todo en base exclusivamente a pigmentación, partiendo de la premisa que solo lo blanco es valioso, que solo lo blanco es sinónimo de progreso. Sí, Latinoamérica es racista. Somos una cultura extremadamente racista. ¿Hasta cuándo vamos a seguir ignorando el hecho que este continente fue construído con la fuerza laboral Indígena y Africana? Con su fuerza, su resistencia y su energía.

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Peluquería, capturada en Oaxaca, 1990. Imagen perteneciente a la serie Africa's Legacy in Mexico. Fotografía por Tony Gleaton / Cortesía Smithsonian American Art Museum.

Si hoy estamos aquí también fue gracias a ellos. Eso hay que reconocerlo. Sin el elemento Africano e Indígena seríamos nada. Nada. Como la mezcla que somos tenemos que enorgullecernos de cada elemento que nos conforma. Eso incluye lo Africano y lo Indígena. Como líderes tenemos la responsabilidad absoluta de hacer un llamado de atención. Ahora. No mañana, no pasado.

Ha llegado el momento de respetar y ennoblecer nuestras raíces. Es hora de de celebrar cada aspecto de nuestra cultura, es hora de celebrar quienes verdaderamente somos. Y puede que se sienta incómodo, sé que no estamos acostumbrado a ello. Pero es un deber. Un deber con nosotros mismos, un deber con nuestros ancestros y un deber con las generaciones venideras. Este momento de rectificar. Es hora de tomar posición y alzar nuestra voz. Por todos aquellos a los que le negamos un espacio, por todos aquellos a los que en el pasado consideramos menos que nosotros, por todos aquellos a los que hemos excluído.

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Gina, capturada en México, 1986. Imagen perteneciente a la serie Africa's Legacy in Mexico. Fotografía por Tony Gleaton / Cortesía Smithsonian American Art Museum.

Cada uno de nosotros se ha beneficiado de un sistema injusto y racista. Somos la víctima y el victimario, por eso nos cuesta tanto admitir nuestra cuota de responsabilidad. Cada uno de nosotros sabe que lo ha hecho. Es hora de romper este ciclo dañino y ponzoñoso. Como cultura y como comunidad, es hora de sanar y hacer enmiendas. Es hora de reparar todo el daño que hemos ocasionado consciente e inconscientemente. Tanto a los otros como a nosotros mismos. Nacimos dentro de un sistema corrupto. Un sistema en el que participamos diariamente con nuestras acciones. Y son nuestras acciones de ahora en adelante las que pueden cambiarlo. El cambio empieza dentro de nosotros. El cambio empieza con nosotros. Admitamos que somos parte del problema y concienticemos que tenemos el poder de ser la solución. Rompamos este vicio.

Nadie nos quitará nuestro puesto en la sociedad. Solo haremos espacio para que todos brillen de la misma manera que nosotros lo hacemos.

Inspiremos con nuestras acciones y convirtámonos en la generación del cambio. Es una responsabilidad que tenemos con nuestra gente. Es una reivindicación moral.

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