Moda

Couture C'est Culture

Vestidos que cuestan cientos de miles de euros, múltiples horas de trabajo y decenas de manos dedicadas a ellos crean una pieza para una sola persona en el mundo. ¿Una locura? No, una tradición.
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El término Alta Costura es uno de los que se utiliza erróneamente con mayor frecuencia, sobre todo al describir cualquier prenda con trabajo manual a detalle. Además, las creaciones que vemos durante la semana de los desfiles couture suelen ser vistos con ironía o su valor artístico es cuestionado. Todo esto pone en duda, para muchos, su relevancia el día de hoy.

El origen de la Alta Costura tiene un nombre: Charles Frederick Worth. La influencia de este diseñador inglés fue tan fuerte que definió tres veces lo que estaba de moda a lo largo del Siglo XIX. Worth creó un sistema en el que mujeres de la realeza y de la aristocracia en todo el mundo acudían a él para tener piezas hechas a la medida. De esta manera estas clientas sabían que estaban comprando algo que seguía las tendencias pero, al mismo tiempo, garantizaba que nadie más lo tendría. Este sistema siguió y muchos diseñadores se unieron a la competencia. Sin embargo, la industrialización y el impacto que tuvieron ambas guerras mundiales crearon la necesidad de un modelo más veloz y eficiente en cuanto a tallas, y fue así como se creó el ready-to-wear. Esto no significó el fin de la Alta Costura, sino el comienzo de un juego en el que cada firma puede crear colecciones arriesgadas con las que muestra el músculo creativo de sus talleres dos veces al año.

Para el diseñador retirado desde 2009, Christian Lacroix, la Alta Costura debe ser tres cosas: divertida, imprudente y casi imposible de vestir. A esta lista añadiríamos un cuarto requisito: exclusividad. Esta cualidad está sobre todo en el título, digamos que es un derecho que se otorga a las marcas, no se autonombra.

El término está protegido por la ley francesa y resguardado por la Fédération de la Haute Couture et de la Mode. Este organismo exige que los talleres estén establecidos en París, que puedan crear máximo 7 piezas por cada modelo, tener al menos 15 personas en el taller de tiempo completo y mostrar un show dentro del calendario de Alta Costura dos veces al año, con al menos 35 salidas con looks tanto de día como de noche.

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Alexandre Vauthier | Balmain
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Schiaparelli

Hoy las reglas son menos estrictas y se han incluido otras categorías para distinguir a las marcas oficiales como Chanel y Dior, de las que no están basadas en París como Valentino, Armani y Elie Saab. Además, el calendario incluye marcas invitadas o nuevas como lo han sido Francesco Sconamiglio, A.F. Vandevorst o Ulyana Sergeenko.

Hoy, el tamaño del mercado de la Alta Costura es muy reducido, con 2000 clientas alrededor del mundo (60% en Estados Unidos), de los cuales 200 de ellas son habituales. La realidad es que su reputación es mayor que sus ganancias. Entonces, ¿por qué sigue siendo relevante el Haute Couture en 2019?

La respuesta es que para los conglomerados, las ganancias no están en vender estas prendas, sino en la capacidad que tienen estos desfiles de crear imaginarios, de hacernos soñar con universos que son posibles solo a través de su firma: al rociarnos con un poco de sus fragancias o al llevar uno de sus bolsos en el brazo.

Además, en un momento en el que el consumo masivo y el fast-fashion nos hacen saltar de una tendencia a otra y nos han acostumbrado a la uniformidad, necesitamos todo aquello que afirme individualidad y autenticidad. Si bien la Alta Costura es un esquema ligado a las técnicas de siglos pasados y a preservar tradiciones, hoy ha sabido adaptarse al siglo XXI, a utilizar nuevos recursos -–creativos y sartoriales– y a hablarle a una nueva generación de consumidores con intereses totalmente nuevos. Esto podemos verlo en muchas de las colecciones couture de primavera/ verano 2019.

Los holandeses Viktor & Rolf dejaron que cada una de sus piezas hablara por sí sola, textualmente. La firma creó un statement a través de siluetas románticas de tul en colores pastel y brillantes tonos. Cada uno de estos looks portaba un mensaje que le habló directo a la generación Instagram con quotes como «NO PHOTOS, PLEASE», «TRUST ME, I’M A LIAR», «I’M NOT SHY, I JUST DON’T LIKE YOU» o «I AM MY OWN MUSE».

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Viktor & Rolf
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Elie Sab

La llegada de Balmain al calendario couture después de 16 años, significó para Olivier Rousteing una exploración exhaustiva de los archivos de Pierre Balmain y que resultó un universo neo-futurista en el que las avispadas siluetas y los tonos pastel que evocan la década de los 80 recibieron un tratamiento sci-fi.

En el caso de Valentino, Piccioli volvió a demostrar una vez más la habilidad de su atelier, pero fue el cast de las modelos, que se inclinó por mujeres afroamericanas, lo que creó un gran statement de inclusión y que no podía cerrar nadie mejor que Naomi Campbell.

Givenchy, por otro lado, nos mostró una colección que conjuga una variedad de materiales que confirman que la Haute Couture no puede y no debe olvidar la historia de la moda, pero tampoco negar el presente. Así, Claire Waight Keller reunió el lenguaje de un saco perfectamente sastreado con la feminidad y tradición de un vestido de guipure, con contrastes como mangas, pantalones o tops de látex, en una colaboración con la diseñadora japonesa Atsuko Kudo.

Los ejemplos siguen y firmas que mostraron sus propuestas de couture para este año nos afirman la importancia de seguir soñando a través de los universos que crean en sus colecciones.

Para Yves Saint Laurent la esencia de la Alta Costura eran «secretos transmitidos de generación en generación». Si bien la Haute Couture es símbolo de un mundo de lujo, también es una celebración de lo que la industria de la moda puede hacer al empujar los límites de los talleres y hoy, más que nunca, es importante recordar que los límites están hechos para romperse.

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Givenchy
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Balmain

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