Moda

La historia de Le Pliage de Longchamp

En una retrospectiva de la marca, recorremos la historia de uno de los complementos más versátiles que ha existido en el mundo de la moda.
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Imagen cortesía de Longchamp.

Durante la primera mitad del Siglo XX, Jean Cassegrain, reinventaría los códigos de la elegancia francesa, con el nacimiento de lo que eventualmente sería el imperio Longchamp, en 1948. Lo que comenzó como una fábrica de pipas revestidas de piel fina, gradualmente se expandiría a los accesorios de viaje, carteras, zapatos y bolsas de mano.

Ese inigualable savoir-faire atraparía a la élite parisina, convirtiendo a la marca francesa en todo un símbolo de excelencia en el corazón de París. «Estaba en el Boulevard Poissonnière, en el segundo distrito. En la planta baja del edificio, estaba el estanco. ¡Era el lugar ideal en aquella época! Era una zona muy comercial. Además, era un bonito trayecto, de la Place de la République hasta la Madeleine. Los Campos Elíseos casi no existían…», recordaba Philippe Cassegrain.

En los emocionantes años setenta, Philippe Cassegrain el hijo del fundador —quien había crecido fabricando estuches para cigarros y pasaportes, en su tiempo libre—se decidiría a revolucionar el concepto tradicional de un bolso de viaje. De joven, Cassegrain había tenido la gran oportunidad de viajar a distintos continentes, desde África hasta Asia y luego, América, así que no había nadie mejor que él —después de haber explorado el mundo entero y conocer de primera mano las necesidades de un viajero— para desarrollar el accesorio ideal, que invitara a los usuarios a aventurarse a descubrir el mundo, claro, con estilo. 

Retrato Philippe Cassegrain,1957 / Imagen cortesía de Longchamp.

Siguiendo esta misma línea conductora, Philippe Cassegrain tomaba las riendas de la empresa familiar en 1972, es entonces cuando el francés diseñaría una línea de equipaje de carácter único. Las nuevas bolsas tenían asas firmes, perfectas para soportar peso, también una solapa de piel cosida a la bolsa de nylon, que dieron como resultado un profético encuentro sofisticado entre ligereza y resistencia. 

Retrato Madeleine Poirier / Imagen cortesía de Longchamp.

Un par de décadas después, en 1993 nacería Le Pliage, del verbo «doblar» en francés. Esta sería una línea de bolsas de nylon plegables, que remiten al arte japonés del origami, el cual consiste en plegar papel, sin hacer cortes para obtener diversas formas. Originalmente, este modelo está hecho de un nylon sumamente ligero y resistente, pero su magia recae en su facilidad para plegarse y reducirse al tamaño de un libro de bolsillo, haciéndolo el compañero indispensable de cualquier viaje. 

 

Le Pliage Clásico

 

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Le Pliage Original. Cortesía de Longchamp.

De líneas limpias y discretas, este modelo ligero y refinado está disponible cada temporada en una multitud de tonalidades y formas. El complemento atemporal que cualquier guardarropa necesita.

My Pliage Signature FW20 

El emblemático Le Pliage se vuelve aún más deseable, con tres modelos y un sinfín de opciones de adorno. 

Le Pliage SS21

Esta temporada, Longchamp transforma los códigos originales que la hicieron famosa, con una lona metalizada, logrando un look elegante y excéntrico, sin esfuerzo. De igual manera, el clásico se reinventa en una versión miniatura, perfecta para guardar accesorios pequeños y llevarlos a cualquier lugar. Además, la tira permite llevar la bolsa cruzada, facilitando el movimiento y dejando las manos en completa libertad.

Definitivamente, Le Pliage en cualquier versión, es un invento revolucionario que se ha convertido en todo un ícono de distintas generaciones y un objeto de culto universal. 

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