Moda

Broader than Broadway

Fact: todos tenemos algún complejo. Y a lo largo de la historia se han acentuado, ocultado o deformado características que distintas épocas distinguen como bellos o abyectos. Uno de ellos: los hombros.
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Las siluetas de amplios hombros tienen una herencia militar tan antigua como los pteruges del ejército griego o el romano, o los epaulettes que los militares europeos comenzaron a usar a partir del siglo XVII para denotar su cargo. Estas fueron las bases para convertir a la figura de hombros anchos en un signo de masculinidad y quizás por eso muchos años después, durante los años 30, la actriz de Hollywood, Joan Crawford, vivía acomplejada por el ancho de su espalda. Fue hasta que Gilbert Adrian, vestuarista de cabecera de los estudios MGM le aconsejó que, en lugar de intentar ocultarlos, acentuaran esta característica con hombreras que le darían una figura imponente, especialmente frente a las cámaras que contaban con la innovación más reciente: los close-ups.

Fue también en esta década cuando la diseñadora italiana Elsa Schiaparelli, embajadora del surrealismo en la moda, trajo las hombreras a la moda femenina buscando que cualquier mujer que usara su ropa llamara la atención. Este giro resonó con la inspiración militar que adquirió la moda con el inicio de la Segunda Guerra en la que, además, las mujeres empezaron a desempeñar roles que nunca habían tenido, y que una silueta «masculina» reafirmaba. Este espíritu haría eco posteriormente en los años 80, cuando el power suit acompañó la ambición de las mujeres por nuevos retos laborales. 

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La economía crecía y las mujeres invertían en trajes de Donna Karen o de Armani, perfectamente sastreados para resaltar los hombros. En épocas más recientes, el trabajo de Martin Margiela y Rei Kawakubo ha sobresalido por deformar al cuerpo al recalibrar la relación de la figura humana con sus diseños. Muchos de ellos ponen en discusión, por ejemplo, si la posición del hombro en una prenda realmente debe coincidir con el lugar anatómico por debajo de la cabeza y el cuello, y han abierto debates estéticos utilizando a la moda para cuestionarla.

Este estilo contrasta con Balmain, una firma que ha definido la silueta de hombros anchos y cintura ajustada como la constante en sus colecciones, y que Olivier Rousteing, director creativo, considera una herencia clave de la maison fundada por Pierre Balmain. Contrario al espíritu masculino y militar que la historia nos heredó, esta rma utiliza la contrastante proporción de extender el hombro y minimizar la cintura para crear un nuevo lenguaje de feminidad. Así la moda juega con la figura humana a tal grado que es capaz de deformar su anatomía básica para externar un mensaje sobre la persona que lo porta, una misiva que solo podría emitirse a través de la ropa pues, finalmente, el medio es el mensaje.

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