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Los grandes escultores de letras

Recordamos a escritores latinoamericanos que han revolucionado nuestras vidas.
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Retrato de Julio Cortázar, 1967. Fotografía por Pierre Boulet / Cortesía The LIFE Picture Collection.

Hay personas que marcan el rumbo de la historia, pero aquellos que marcan el rumbo de la literatura, han impactado más allá hasta llegar al corazón y mente de su público. La creación del arte es de las cosas que nos define como seres humanos, la capacidad de sentir, de analizar, de expresar, de transmitir y finalmente de contemplar. Son estas las características que admiramos de personas como Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Julio Cortázar, Jaime Sabines, y Rosario Castellanos, esa sensibilidad capaz de conmover, de revolucionar y de cambiar el paso del tiempo.

Jorge Luis Borges

Abriendo puertas al mar de la imaginación, trayendo la literatura del viejo mundo a nuestro continente, Jorge Luis Borges es considerado el padre de la literatura latinoamericana y uno de los escritores más importantes del siglo XX. Desde los 6 años quería ser escritor, su amor por la literatura empezaba a surgir, un amor que resultó en poemas y cuentos capaces de conmover a cualquiera y que llevó con él sin importar los obstáculos que se le fueron presentando, a los 56 años quedó ciego.

«Nadie rebaje a lágrima reproche

esta declaración de la maestría

de Dios, que con magnífica ironía

me dio a la vez los libros y la noche»

En sus obras El poema de los dones y El oro de los tigres, exploraba esta nueva manera de ver, donde expresaba que la ceguera no es la noche que la gente supone. Siguió trabajando, escribiendo, y creando, aquellas obras que producen el sentimiento de descubrir un nuevo mundo, el mundo de la mente de un gran maestro, que aún hoy en día es considerada avanzada para los tiempos.

Retrato de Jorge Luis Borges, 1979. Fotografía por Louis Monier.

Pablo Neruda

Un hombre que entendía a la gente, o quizá que entendía profundamente a la humanidad. Pablo Neruda, es considerado el mas grande poeta de su tiempo. Hizo la poesía tangible para los latinoamericanos, usando un idioma en el que vivían, Julio Cortázar lo describía «Neruda nos devolvía a lo nuestro, nos arrancaba de la vaga teoría de las amadas y las musas europeas para echarnos en los brazos a una mujer inmediata y tangible, para enseñarnos que un amor de poeta latinoamericano podía darse y escribirsecon las simples palabras del día, con los olores de nuestras calles».

El gran poeta de amor tenía un poema para todos los sentimientos, para la cultura popular y la académica, acerca del mar, del cielo, y de todo aquello entre ellos. Sensible y consiente de las dificultades que se vivían en su país, siempre fue políticamente activo «Nunca he pensado mi vida dividida entre la poesía y la política» diría en 1969 al anunciar su candidatura a la presidencia. La obra de Neruda que incluye Veinte poemas de amor y una canción desesperada y Cien Sonetos de Amor fue reconocida en 1971 con el Premio Nobel de Literatura «por ser autor de una poesía que, con la acción de una fuerza elemental, da vida al destino y los sueños de un Continente».

Retrato de Pablo Neruda, 1952. Fotografía por Keystone-France / Cortesía Gamma-Keystone.

Julio Cortázar

Navegando la delgada línea entre la realidad y lo fantástico, Julio Cortázar rompió las normas editoriales clásicas, llegando a una obra que se podría considerar surrealista, o como realismo mágico. No seguía patrones ni rutinas previamente establecidas, usaba la imaginación para encontrarle un sentido profundo a la vida. Su obra mas famosa Rayuela, fue una obra no solo innovadora, rompió paradigmas, marcó a una generación de lectores, nos enseñó que las reglas literarias existen para romperse, al sugerir una manera de leer que no fuera lineal, sino su nueva propuesta de intercalar capítulos.

Introdujo un género completamente nuevo para la humanidad, demostrando que un libro puede permitirte viajar, de la realidad a la fantasía, dando una experiencia mágica. Después de leer Bestiario Gabriel García Márquez, ganador del Premio Nobel de Literatura,  expresó «…desde la primera página me di cuenta de que aquél era un escritor como el que yo hubiera querido ser cuando fuera grande».

Retrato de Julio Cortázar, 1969. Fotografía por Pierre Boulat / Cortesía The LIFE Picture Collection.

Jaime Sabines

Poemas de amor, de soledad, de la vida y la muerte, las obras de Jaime Sabines tienen la cualidad de ser como la vida, perfectamente bellos en lo cotidiano, los cuales hipnotizan e impregnan la mente. Era un poeta que se convirtió en los pensamientos y voz de la gente, el más recitado por los jóvenes mexicanos. Su poesía se balanceaba en una estructura desmedida, una técnica que no es tangible «no hay gran poesía sin gran técnica, pero ésta debe pasar inadvertida», explicaba que no se debe confundir la sencillez con la simpleza, enseñándonos a apreciar lo sencillo de la vida, aquello de donde surge todo el arte.

Era un poeta que atraía a la gente, en el 1996 llenó el Palacio de Bellas artes, donde la gente lo recibió con una ovación tan apasionada que comenzó diciendo «Estos son aplausos que lo lastiman a uno». Carlos Monsiváis describía a los seguidores de Sabines como «La orden de los Amorosos» y reflexionaba «si la poesía convoca multitudes no todo está perdido».

Retrato de Jaime Sabines, 1991. Fotografía por Rogelio Cuéllar / Cortesía Secretaría de Cultura.

Rosario Castellanos

«¿Qué es esto de ser mujer? A mi nadie me lo explico bien cuando era chica así que lo tuve que descubrir.» Descubrir, o reescribir, Rosario Castellanos le dio su propio significado a ser mujer, dando inicio a la liberación intelectual femenina en México, armada solo con una pluma. En sus obras reflexiona acerca de lo que significaba ser mujer, los estereotipos, la vanidad, el cuerpo, cuestionando la identidad, el matrimonio, y la existencia de una cultura femenina.

Abrió las puertas del diálogo, de la denuncia, no sólo para las mujeres sino para la discriminación que viven las comunidades indígenas. Tenía la certeza que se necesitaba un cambio social para mejorar la calidad de vida de ellos. Balún Canan y Oficio de tinieblas son alguna de sus obras que dan homenaje a las culturas indígenas, ofreciendo una plataforma para alzar todo aquello que estas comunidades habían sido obligadas a silenciar.

Falleció a los 49 años y se convirtió en la primera mujer en ser enterrada en la Rotonda de las Personas Ilustres, un espacio reservado para aquellas personas que han contribuido al desarrollo del país, ahí su cuerpo descansa, pero su alma vive a través de sus obras y el impacto que tuvo en la sociedad mexicana.  

Retrato de Rosario Castellanos, 1971. Fotografía por Ricardo Salazar / Cortesía INBA.

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