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Un viaje por Asia con Karla Lisker

¿Qué hacer en Asia? La fotógrafa de moda narra su más reciente viaje por esta región.
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Entre octubre y noviembre de 2016 realicé un viaje a Asia. Sin duda fue uno de los más memorables; no solo porque se trataba de mi luna de miel, sino porque esta región es un destino inigualable: lleno de paisajes espectaculares, de personajes visualmente extravagantes y, por supuesto, con una infinidad de opciones para comer y beber. Estas son algunas de las actividades que hay que hacer si esta región se encuentra en tu lista de lugares por visitar.

 

Indonesia

Nuestra travesía comienza en Ubud, un pueblo de Bali que posee un ambiente casi místico, rodeado de gigantescas y empinadas terrazas de arroz. El hotel UMA by Como, asentado en la mitad de la naturaleza y rodeado de bosque, fue nuestra opción para el hospedaje.

Una de nuestras primeras actividades nos llevaría a caminar por el pueblo hasta adentrarnos en el Sacred Monkey Forest, reserva ecológica poblada por monos y templo del hinduismo, adonde acuden miles de turistas cada año.

Otro de los atractivos naturales de la región es el monte Batur, volcán considerado sagrado en la religión hindú. Llegar ahí toma alrededor de dos horas y media, e implica escalar durante la madrugada. Vale la pena: mirar el amanecer desde la cima es una verdadera locura.

Además, si se tiene un espíritu aventurero, y no bajar y subir miles de escalones no representa un contratiempo, nadar en la cascada Nungnung, donde puede sentirse la fuerza de la caída del agua.

Para comer no hay ninguna duda: deben visitarse las terrazas de arroz Jatiluwih (Patrimonio de la Humanidad de la Unesco) y probar la carta de alguno de los restaurante, como Sari Organik, que ofrecen vistas espectaculares de los campos verdes de la zona. Aunque, en términos de gastronomía, el mejor desayuno de todo el viaje lo probé en el hotel: una tortilla de verduras con salmón ahumado y un toque de queso.

 

Tailandia

Bangkok
Tailandia nos recibió en su ciudad más poblada. Cuando se está aquí es imposible no hacer caso a las recomendaciones de cientos de guías que indican que es imprescindible visitar templos y palacios como el Wat Pho y su impresionante Buda Reclinado, el más grande del país. Otra recomendación es tomar un barco y recorrer la zona. Si se opta por esta opción, se puede salir de Yodpiman, puerto pegado al mercado chino, que ofrece un pintoresco paisaje.

Para comer, vale la pena ir al enorme centro comercial Siem Paragon. El fast food tiene millones de opciones deliciosas, una de las cuales ofrece el mejor bubble tea de taro con bolitas de tapioca que he probado. Para la cena hay que dirigirse al NAHM, que desde 2012 ostenta el título de mejor restaurante de la ciudad, por lo que hay que reservar con tiempo para asegurar una mesa.

Si se busca un poco de adrenalina, basta tomar taxi de moto; los choferes pueden llevarte de un lado a otro de la ciudad en 15 minutos, en un recorrido no apto para cardiacos.

 

Chiang Rai
El siguiente punto de nuestro itinerario nos llevó a esta ciudad al norte del país, en donde pasamos los dos días más especiales de todo el viaje. Parte de esto fue gracias a nuestro hotel, Anantara Golden Triangle Elephant Camp, un campamento rodeado de naturaleza, donde viven aproximadamente 22 elefantes, cada uno de ellos cuenta con un cuidador.

Las actividades que se ofrecen al interior del resort, como Mahout Experience o Walking With Giants, nos permitieron caminar al lado de los elefantes, nadar con ellos y hasta bañarlos. Aunque la ciudad ofrece atractivos que justifican salir del campamento, como Wat Rong Khun, templo que se encuentra a una hora de camino y que me pareció el más espectacular de todos los que visitamos: una construcción completamente blanca, con detalles de espejos cortados, diseñado por Chalermchai Kositpipat, artista visual que aún trabaja en la edificación de este lugar.

 

Krabi
Una lancha desde el puerto nos llevó al hotel Rayavadee, conformado por cabañas que ofrecen una vista a un paisaje lleno de enormes rocas. Una vez aquí, tomar paseo por kayak o relajarse en alguna de sus albercas son actividades ampliamente recomendadas. Por la noche probamos ñoquis de espinaca y ricotta, que resultaron tan buenos que fueron nuestra opción para la cena durante tres días seguidos. También tomamos un tour que paró en varias islas, una de ellas Maya Bay, set de la película The Beach.

Cambodia y Vietnam

El famoso templo de Angkor Wat es hermoso y visitarlo una obligación. Pero Cambodia ofrece otros lugares atractivos como el templo Ta Prohm (donde filmaron Tomb Raider) cuyos árboles han extendido sus raíces de tal forma que parece que se comen la construcción. El templo de Bayón, rodeado por un pantano y donde pueden verse cientos de caras de Buda, también merece la pena.

En Mechrey encontramos un pueblo flotante cuyos habitantes tienen que mudarse cada seis meses cuando baja el agua. En cuanto a comida, la carta italiana de Il Forno es una apuesta segura y visitar alguno de los bares de la ciudad, que ofrece un ambiente relajado y es visitado por turistas mochileros, puede poner el final perfecto para un día ajetreado.

 

Bahía de Halong
En Vietnam tomamos el Heritage Violet, un pequeño crucero con espacio para seis parejas, que ofrece un recorrido por esta bahía es una experiencia memorable. Nos quedamos en una habitación con balcón, que ofrecía impresionantes vistas al archipiélago.

 

Hoi An
Este pequeño pueblo vietnamita en el río fue la parada perfecta para cerrar nuestra travesía. Es un pueblo mágico, que parece detenido en el tiempo, en el que hay que pasear, perderse y meterse a sus distintos templos. El lugar también es famoso por la elaboración de trajes y zapatos a la medida, y tuve la oportunidad de hacer un jumper de shorts que quedó perfecto.

Salir por la noche es inigualable: niños y mujeres con miles de velas prendidas pueblan el río  Thu Bon y crean un paisaje luminoso y místico. Por la cena, la cocina del Morning Glory, enfocado en comida callejera y platillos locales, es imperdible y nos llenó de energía antes de tomar el vuelo de regreso.

Fotografía Karla Lisker

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