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Bajo la mirada de Armando Cristeto: la lucha por la liberación queer en México

En la conquista por el respeto y los derechos de la comunidad LGBTTTIQ en México, el fotógrafo y curador mexicano es uno de los personajes remarcables que se debe mencionar. Su carrera ha estado dedicada a dar voz a momentos célebres de la comunidad generando un diálogo de lo que constitute lo que hoy conocemos como libertad.
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Libertad Sexual, capturada en la 3a. Marcha del Orgullo Homosexual en México, 1981. Fotografía por Armando Cristeto / Cortesía de Armando Cristeto.

Nacido en la Ciudad de México, la historia por la pasión visual de Armando Cristeto (Armando Cristeto Patiño) comenzó a gestarse gracias a su hermano mayor, quien entre líneas cultivó su bagaje cultural; durante su adolescencia asistían juntos a todos los «cine-clubs», galerías y exposiciones posibles, permitiéndole conocer a los quince años de edad obras de culto del cine silente, el aclamado movimiento francés del Nouvelle Vague, el cine italiano y por consiguiente el Nuevo Cine Mexicano y lo llamado Cine Independiente. Conforme iba creciendo, inclinó sus intereses en la medicina, llevándolo a estudiarla como carrera sin apartarse de su pasión por las artes visuales. «En aquella época pensé firmemente que me dedicaría a ambas carreras, medicina y fotografía», en 1976 inició la licenciatura de Medicina General en la UNAM y en 1977 exhibió por primera vez sus fotografías. «Cuando terminé la carrera en los 80, ya tenia cierto tiempo realizando series como fotográfo. Decidí que no era conveniente dedicarme a ambas actividades y mi balanza personal se inclinó por la fotografía». Con ello, solidificó su inció en las artes visuales, desarrollando una visión capaz de contar los contextos ajenos y propios, «con un objetivo dual, buscaba la reafirmación de identidades de los fotografiados y la posibilidad de que otros sectores sociales les conozcan». Así determinó seleccionar temas a partir de sus pulsiones centrando su narrativa alrededor de personajes urbanos considerados fuera de lo normativo, todo lo que rompía paradigmas en un discurso que forjó su identidad, «mis imágenes son la amalgama de lo soy: gay, chilango y fotógrafo», generando un acervo irremplazable de la comunidad LGBTTTIQ. Su extraordinaria visión lo ha llevado a ser, además de fotógrafo, activista, escritor y curador. Dentro de sus obras encontramos la serie de Apolo Urbano descrita por Carlos Monsiváis, Noches de reventón, entre muchas otras; sus fotografías se han convertido en portadas de diversos libros como Tengo que morir todas las noches de Guillermo Osorno. Su trabajo ha sido exhibido en los recintos más importantes del país, como el Palacio de Bellas Artes, el Museo Nacional de Arte y en notables espacios internacionales dedicados a la fotografía.

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En mi cama mando yo y Grupo Lambda, capturadas en la 2a. Marcha del Orgullo Homosexual en México, 1980. Fotografías por Armando Cristeto / Cortesía de Armando Cristeto.

Cristeto forma parte de una generación que se convirtió en agente de cambio, viviendo en 1978 el incio del Movimiento de Liberación Homosexual en México precursor de los derechos de todos los matices del abanico queer. La primer marcha a favor de los derechos civiles de la comunidad inció en 1979, «se vivían sentimientos encontrados, de mucha energía, compromiso, coraje y conviccion pero también dominaba el temor. Veníamos de un periodo de represión a las reuniones y marchas juveniles que deseaban reivindicar problemáticas sociales… Tocar el tema de la liberación homosexual, lastimaba muchas conciencias conservadoras». En un recorrido arduo pero fructuoso, la conquista del respeto y los derechos legales fue logrando su victoria gradualmente por «el compromiso y la entrega de luchadores sociales que despertó el interés en los medios de comunicación… cuya labor de difusión logró que millones de hombres y mujeres que no eran heterosexuales, sintieran que había posibilidad de asumir una nueva realidad, franca y con mira de una mejoría en los problemas originados por el estigma de la orientacion sexual», afirma Cristeto.

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Vicky/Víctor Ontañon, capturada en la 6a. Marcha del Orgullo Homosexual en México, 1984. Alesbiánate, capturada en la 3a. Marcha del Orgullo Homosexual en México, 1981. Fotografías por Armando Cristeto / Cortesía de Armando Cristeto.

La lucha logró llevar del aspecto privado al público la identidad queer, detonando el inicio de políticas culturales y de comunicación a gran escala, «son las propias organizaciones no gubernamentales y asociaciones civiles integradas por personas LGBTTTIQ que se siguen encargado de preservar la historia y su difusión, al margen de las grandes instituciones públicas y privadas», cimentando el progreso en aspectos sociales, políticos y artísticos. Uno de ellos fue el Círculo Cultural Gay José María Covarrubias, donde Cristeto fue miembro fundador junto con Covarrubias, quien fue un activista pionero en la lucha gay en el país. «José María observó las pugnas internas entre los diferentes grupos activistas y tuvo la idea visionaria de realizar jornadas culturales», en estas se incluyeron todas las áreas artísticas posibles , incluyendo piezas homoeróticas sin importar la orientación sexual de los artistas, comenta Cristeto. Posteriormente se crea el Círculo Cultural Gay y la Semana Cultural Lesbica-Gay albergados con el apoyo del Museo Universitario del Chopo, perteneciente al circuito de museos de arte contemporáneo de la Universidad Nacional Autónoma de México. Con ello, se amplificó la reafirmación de la identidad queer, otorgando visibilidad en medios de comunicación y ante el público en general. Después del suicidio de Covarrubias en 2003, la labor para continuar el legado construído por su creador llevó a esta semana cultural a una transformación, «Salvador Irys retomó los preceptos y el espíritu de Covarrubias actualizando sus contenidos y estrategias», ahora bajo el nombre Festival Internacional por la Diversidad Sexual, mejor conocido por su acrónico «FIDS» que se celebra en los meses de mayo y junio. 

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Las Cowboy Girls, capturada en la 9a. Marcha del Orgullo Homosexual en México, 1987. Gerardo Ortega ‘La Mema’ y el platinado, capturada en la 5a. Marcha del Orgullo Homosexual en México, 1983. Las eméritas, capturada en la 9a. Marcha del Orgullo Homosexual en México, 1987. Fotografías por Armando Cristeto / Cortesía de Armando Cristeto.

Con más de tres décadas de lucha, las grandes ciudades en México han avanzado en cuestión de derechos humanos a favor de la comunidad LGBTTTIQ, pero esto no ha eliminado la persistencia en el país de la discriminación de todo tipo, distorsionando y señalando como una enferma a cualquier persona dentro de lo que está bajo la sombrilla de la comunidad queer, «una capa de la sociedad asumen a la comunidad como potenciales depredadores sexuales… y qué decir de la marginación y desprecio que sufren los enfermos de VIH-SIDA» aservera Cristeto. Sin embargo, esto no diluye los logros y las alegrías alcanzadas a lo largo de los años, «cada vez que veo que las parejas de hombres y mujeres se demuestran su amor en un gran abanico de manifestaciones, que por supuesto la culminante es darse un beso en la boca, me enorgullece tremendamente que todo el esfuerzo y lucha de muchísimas personas ha rendido frutos, donde destaca vivir libremente las diferencias en la sexualidad sin tener que avergonzarse de ello. Muchas veces pensé en eso como una de tantas utopías, y lo he podido ver y disfrutar, y por supuesto el camino sigue y faltan muchas reivindicaciones, pero lo logrado es ya una realidad sin retroceso».

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Nogales presente, capturada en la 2a. Marcha del Orgullo Homosexual en México, 1980. Fotografías por Armando Cristeto / Cortesía de Armando Cristeto.

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