Franco Moschino, un radical de la moda - L'Officiel
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Franco Moschino, un radical de la moda

Recordamos la carrera del diseñador más subversivo que ha visto la industria.
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En el verano de 1921, Franco Moschino de 21 años y recién graduado de la Accademia delle Belle Arti en Milán trabajaba como ilustrador para el joven Gianni Versace. Moschino, alentado por Gianni inició su marca en 1983 y debutó su línea “Couture!” el mismo año en un momento en el que la moda lo bautizó como el enfant terrible, comparándolo constantemente con otro diseñador que peleaba por el mismo apodo: Jean-Paul Gaultier.

 

La creatividad de Moschino ridiculizaba las jerarquías de la industria al parodiar los emblemas de la Alta Costura (como el clásico traje Chanel), hechos con materiales más comunes como la mezclilla. “La ropa, aunque sea divertida, tiene que estar bien hecha. Es sencillo ser divertido con una t-shirt, pero es más inteligente si lo haces con un abrigo de mink. Después de todo, si el caviar fuera barato su sabor no sería interesante”, declaró para la edición británica de la revista GQ en 1994.

 

Lo que hacía a Franco Moschino brillar entre tantos diseñadores, era su acercamiento a lo postmoderno y lo surreal jugando con la ironía, el humor y diseños bien hechos. Las palabras ¡Esto es un anuncio! eran parte central de sus campañas publicitarias. Las modelos de la campaña de perfume lo bebían como si se tratara de una Coca-Cola. Sus eventos consistían en instalaciones y sus fiestas reunían a todas las celebridades. El propio Moschino posó para las campañas publicitarias y fortaleció una ideología donde el buen gusto no existía.

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El regreso de Moschino como marca se debe gracias a Jeremy Scott y su acercamiento similar a la Alta y “Baja” Costura que coincide con la visión de Franco. Scott pone en la pasarela a aliens y hace referencia a marcas como Mc Donalds, programas de televisión infantil como Las Chicas Superpoderosas y Bob Esponja y juegos como el famoso Candy Crush. Las celebridades que visten el nuevo Moschino van desde Madonna hasta Michelle Obama, demostrando cada temporada su versatilidad y su éxito como director creativo. Mientras los orígenes de la marca continúan en cada colección, es inevitable notar que hay algo diferente en este Moschino de aquel que concibió Franco.

“Mi visión de la moda es una contradicción, lo sé, pero ¿por qué no hacerlo? Porque adaptarme al negocio convencional únicamente porque trabajo en el”.

Quizás la diferencia entre ambos diseñadores radica en el momento que vivimos. Mientras Scott utiliza su estilo ecléctico para causar un sentimiento de felicidad en aquellas personas que eligen sus piezas, Franco utilizó su habilidad para curar colecciones irónicas, experiencias únicas y campañas que criticaban el papel de la industria en la sociedad. “La moda es vulgar. Estar a la moda no es algo positivo. Hablemos de algo que valga la pena. La moda mata a la gente. Como diseñador tengo que convencerte de cambiar tu pelo, o los lentes que llevas y eso te convierte en un títere”, Moschino explicó en una entrevista a New York Magazine en 1989.

 

No es sorpresa que Moschino tuviera éxito en una industria que siempre criticó (si no cómo explicarían el éxito de Vetements). “No quiero sonar mal pero siento que estoy en una prisión de oro. Puedo hacer lo que yo quiera pero en realidad la gente espera algo específico de mi. Un diseño Moschino debe verse y sentirse como una prenda que todos puedan entender”.

“Ya no hago ropa. Moschino ya no es mi nombre y la moda se ha vuelto una simple fuente de ingresos”.

En los años siguientes las campañas de Moschino eran instalaciones que criticaban los problemas sociales y creaban conciencia sobre temas como el consumismo, el cambio climático, las drogas, la violencia, la contaminación, el racismo y la crisis del SIDA. El propio Moschino murió por complicaciones por el virus en 1994 cuando tenía 44 años.

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Un año antes de su muerte, Moschino fue un excelente empresario. Lanzó la línea “Ecouture!”, hecha con materiales amigables con el ecosistema. Optó por usar piel falsa y a través de su campaña “Smile!” donó dinero a niños infectados de VIH.

 

Franco Moschino se mantiene como un personaje radical en la moda del que pocos conocen su historia. El cuestionamiento que hizo en su momento, es el mismo que surge ahora. Y aunque no hay una respuesta clara, Franco nos recuerda que debemos contribuir al progreso de esta industria que está perdiendo su identidad.

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